Nos preguntamos ahora, cuando se han conformado las Comisiones que indica la Ley para establecer los ordenamientos territoriales ¿Quiénes toman las decisiones y en nombre de quién o de quiénes lo hacen? Las sociedades están claramente fundamentadas en una relación ambiente-sociedad que es imposible de eliminar, aunque no forme parte de los discursos políticos o aunque se pretenda ignorarla y se actúe con los criterios del Agronegocio. Los términos tales como sustentabilidad, equidad, producción amigable, bioeconomía, etc. representan tan solo, una referencia difusa a la relación ambiente sociedad, relación basada en los ciclos económicos, pero que no considera suficientemente los ciclos sociales y los ciclos ambientales a los que el ciclo económico debe necesariamente estar conectado, para lograr el “bienestar” de esa relación. Los riesgos de ignorar estas relaciones son irremediablemente los colapsos y las tragedias ambientales. Esto ya no tenemos derecho a desconocerlo.
En las mesas donde se deciden los ordenamientos territoriales, está ausente la sociedad, ya que la mediación propuesta por los sectores productivos, administrativos y sociales, ha demostrado ser indiferente al sufrimiento social, e ignorante en la comprensión de que este sufrimiento es de naturaleza estrictamente ecológica. Estos sufrimientos colectivos de naturaleza ecológica, en tanto emergentes de relaciones entre personas y sectores, y en tanto emergentes también, de las relaciones entre ambiente y sociedad, son ignorados, desconocidos o minimizados en sus aspectos más elementales y profundos, en la implementación de las políticas respectivas.
En estas mesas de decisión, está asimismo, ausente el ambiente, y estamos hablando específicamente de los ecosistemas. En este caso los mediadores, grandes ONG ambientales, funcionarios de las áreas ambientales del Estado, representantes de universidades y muchas veces supuestos líderes sociales, proponen un espacio de logros mínimos, con la lógica de que el avance de los agronegocios y su destrucción resulta inevitable, y que a lo sumo lo que puede conseguirse es una limosna en la forma de espacios protegidos. No está mal que haya áreas protegidas, lo lamentable es que en el fondo sólo se discuta la provisión de recursos, la implementación o la morigeración de nuevos saqueos industriales, sean de madera, de suelos o de petróleo, en lugar de generarse espacios de reconstrucción de la ecología, espacios de posible recuperación de la relación ambiente-sociedad, con vistas a un modelo que partiendo de la salud de esta relación, se proponga desarrollos a la medida de las posibilidades y potencialidades tanto de los ecosistemas como de la propia población.
No es posible que una sociedad sobreviva con programas de desarrollo que irremediablemente son destructivos del conjunto de la biodiversidad. Eso es lo que está ocurriendo cada día con nuestros bosques, con el monte, con los ecosistemas, arrasados impiadosamente por un modelo de producción insustentable y por una mirada del mundo que ha cambiado calidad por cantidad, biodiversidad por tecnologías y en definitiva, que ha sacrificado el porvenir por los negocios del presente y el lucro a cualquier costo, en especial, arriesgando mayores colapsos ambientales, derrumbando los ecosistemas y dejando sin mañana a las próximas generaciones de Argentinos.
Es preciso sacar a la lucha por los bosques y por la selva del ámbito estrecho de las ONG, del espacio mezquino de las comisiones provinciales ordenadoras del territorio y de la puja sórdida por las zonas coloreadas, para instalarla en las calles, hacerla parte de los reclamos de la sociedad argentina, integrarla, en definitiva, a los discursos contestatarios de la rebeldía a favor de un país mejor para todos los argentinos. No reconocemos ninguna preocupación auténtica por los bosques y la selva, que no asuma como necesidad imperiosa la declaración de emergencia forestal y la preservación irrestricta de los actuales patrimonios sobrevivientes. Las políticas sobre ordenamientos territoriales tal como se ensayan actualmente, no hacen sino encubrir y maquillar el saqueo y la devastación creciente de nuestros ecosistemas y supeditan los bienes comunes a puros criterios de depredación. Debemos entretejer los reclamos por los bosques y por las selvas con las campañas contra la Biotecnología y contra las fumigaciones, con las luchas por modelos de producción amigables con la Naturaleza, en definitiva, con las luchas a favor de una Argentina emancipada y con Soberanía Alimentaria.
GRR Grupo de Reflexión Rural
Julio de 2009