INFORME FINAL DE LA CAMPAÑA PAREN DE FUMIGAR, COORDINADA POR EL GRR
Desde el año 2005
y hasta el gran encuentro en San Lorenzo y la
presentación pública del Informe Pueblos Fumigados en el año
2009, llevamos adelante como GRR y durante cinco años, la Campaña Paren
de Fumigar, campaña que trataba de responder a los más que
acuciantes y graves problemas de salud y contaminación, que se
expresaban como resultado de las aplicaciones de agrotóxicos que
acompañaban el proceso de sojización. En ese mismo año, les
habíamos dado apoyo en Buenos Aires, a las llamadas madres del
Barrio Ituzaingo Anexo de la Ciudad de Córdoba, y a través de ellas pudimos
verificar la profundidad y la gravedad de la amenaza que se
cernía sobre los pueblos rurales y sobre las periferias de las
grandes ciudades, cada vez más asediadas por los monocultivos de
Soja modificada genéticamente. Tal como lo expresáramos
reiteradamente en nuestros informes,
http://grr.org.ar/campanapdf/index.php, lo que hallamos en
nuestros recorridos por la geografía lacerada de la sojización,
excedió con creces todo cuanto de peor podíamos imaginar, y los
datos con que nos encontramos, los testimonios médicos y el
anecdotario interminable de muertes, de enfermedades terminales
y deformaciones, nos convenció de estar en presencia de
un genocidio naturalizado e invisibilizado por los grandes
medios al servicio de las empresas, las
grandes ONG cooptadas por las fuentes de financiación, y en
especial, la clase política presuntamente dirigencial, que sin
mayores exclusiones, adhería a un modelo de país agro
exportador, que incluía los monocultivos, los nuevos rindes en
la agricultura industrial y los record de cosechas, como
parámetros indiscutibles de modernización y crecimiento.
En un primer informe del
año 2008 decíamos: “Esta
presentación que añade una recopilación de casos y evidencias, y
a pesar de tantas dificultades encontradas y de hallar tantas
resistencias, expresa la enorme esperanza, no tan solo nuestra,
sino también de todos los pueblos que son víctimas del espantoso
flagelo de la fumigación con tóxicos, de que, en ciertos lugares
de decisión o al menos donde la autoridad moral se encuentra
preservada, haya oídos y disposición para atender estas
demandas. Difícilmente pueda hallarse una ocasión más sensible
para ejercitar la justicia y aún la compasión, como en aquellos
innumerables casos de madres que, luego del embarazo
esperanzador paren el fruto de su vientre con malformaciones. No
hay ganancias por enormes que ellas sean que puedan atenuar este
crimen. Y ese crimen se repite cada día en las provincias
argentinas y es consecuencia
de la voracidad sin
límites en el lucro, del incumplimiento de la ley y de la
facilidad para la dirigencia y los dueños del poder de ejercer
el mal a distancia. Esta presentación ofrece la oportunidad de
tomar conciencia y en especial de hacer algo para detener el
genocidio. Quedamos esperando”.
Lo anterior lo repetimos
clara y explícitamente en numerosos documentos emitidos a lo
largo de la Campaña, y en primer lugar y por respeto a su
investidura, se lo expresamos formalmente a la Presidencia de la
República, anticipándole la inexorable justicia humana e
institucional, que alguna vez, habrán de sobrellevar no
solamente los decisores, sino también, quienes a lo largo de
sucesivos gobiernos, respaldaron estas políticas, respecto a
estos crímenes que sostienen los éxitos del modelo productivo.
Se nos podrá acusar tal vez de no haber puesto un mayor esfuerzo
en denunciar las terribles consecuencias de la aplicación de la
agricultura química. Vaya en nuestro descargo que los recursos
con que nos movimos siempre fueron escasos o inexistentes y que
la campaña se
basó en el esfuerzo físico e intelectual de un puñado de
voluntarios. Por otra parte, es verdad que no estábamos
preparados, no imaginamos tampoco quiénes podrían estarlo, para
registrar los horrores de que fuimos testigos, en especial los
innumerables niños nacidos con deformaciones. No obstante esas
dificultades, caminamos todo el país dando conferencias y
proyectando películas, fuimos a cada localidad donde se nos
requería, organizamos centenares de grupos locales para resistir
las fumigaciones, alentamos colectivos provinciales para
conducir la lucha y desde
nuestro programa Horizonte Sur en Radio Nacional AM
nos esforzamos por ser siempre la voz de los pueblos fumigados y
expresar la profunda y dolorosa verdad que entrañaba el modelo
neocolonial impuesto.
Porque jamás dejamos de
considerar las fumigaciones y sus impactos sobre las
poblaciones, como la consecuencia de un sistema de Agronegocios
instalado a partir de los conceptos de crecimiento, de la
prioridad de abastecer con comodities ciertos mercados externos,
de la primacía del concepto de escala y de la ecuación costo
beneficio, por encima de toda otra razón, y en especial por
encima de considerar el arraigo de las poblaciones, el respeto
por sus modos de vida, la preservación de las economías
locales y las posibilidades de preservar los paisajes y la
sostenibilidad de los agro ecosistemas. La nuestra fue entonces,
y en todo momento, una lucha política. Pretendíamos modificar el
modelo rural, detener el creciente despoblamiento del campo y
modificar las políticas de crecimiento sustentadas en la
exportación y en los pagos de la deuda, llevar los debates sobre
la violación de los derechos humanos al presente, en que, como
consecuencia de las políticas de Estado para la agricultura, son
violados sistemáticamente, y por sobre todo, pretendíamos
obligar a que se reconociera el actual status semicolonial de la
Argentina y se aceptara dar grandes debates sobre el tipo de
país que pretendemos construir. Desde ya que esta lucha que
llevamos a lo largo de los años no fue gratuita ni dejó de
despertar grandes resistencias y lamentablemente, demasiados
esfuerzos para tergiversarla o acallarla. En varias
oportunidades quedamos expuestos a los riesgos de demandas
jurídicas por parte de los grandes beneficiarios de la
sojización o de los funcionarios que los apañaron, también
corrimos serios riesgos al ser ocupados alguno de nuestros actos
por los sojeros, quienes en las pequeñas localidades se
consideran en el propio territorio y se sienten invadidos por
quienes cuestionan sus prácticas habituales de producción y
contaminación.
En los últimos dos años
y en especial desde la llamada “crisis del campo”, estas
dificultades se fueron agudizando, en la medida en que el país
entró en un proceso de confrontaciones aleatorias y
superficiales, se desgarró entre tribus que discutían el modo de
apropiarse de los beneficios del modelo, no acerca del modelo
mismo, y usaban las viejas consignas patrióticas como
distracciones colectivas, con la finalidad de repetir la
estrategia del tero y naturalizar las nuevas sumisiones. En esos
climas de inmediatez y de simulacros, la Campaña Paren de
Fumigar quedó expuesta a los fuegos cruzados de quienes
confrontaban sin cuestionar el modelo productivo, y en las
propias filas de los militantes ambientales e inclusive de las
víctimas de las fumigaciones, fue creciendo ese estado de
confusión que, más allá de la victimización
de la que se
era objeto, obligaba a pronunciarse a favor o en contra del
Gobierno. La visita de Marie Monique Robin, si bien significó
para muchos la convalidación de lo que veníamos denunciando y le
dio a la compaña internacional contra Monsanto un aire del que
en la Argentina carecía, significó asimismo, un grave retroceso
para la Campaña Paren de Fumigar, tal como se venía llevando en
los últimos años. En principio, porque el
discurso de la periodista francesa, se concentraba en Monsanto,
mientras oscurecía el accionar de otras corporaciones, en
especial aquellas de origen europeo. También, porque ese
discurso hacía énfasis en el Roundup Ready, y si
bien resultó efectivo para los propósitos y estrategias que se
acostumbra llevar en Europa, en la Argentina no hizo más que
provocar una regresión y una fragmentación de las luchas ya que,
nuevamente se perdió de vista el modelo agrario en su conjunto y
en especial, la necesidad de cambiarlo. Por último, porque ella,
tal vez sin mayor claridad en lo que hacía y llevada por
intereses de agenda y de conveniencias de la gira, le abrió el
amplio territorio de especulación con las víctimas de la
fumigación, a ONG financiadas por fundaciones ligadas a los
proyectos internacionales de soja responsable como Misereor, y
ligadas en la Argentina a Carta Abierta, a la Responsabilidad
Social Empresarial, al INTA y en definitiva, al
oportunismo político de los tantos que, para aliviar la
responsabilidad de los actuales decisores, pretendía ver en la
Mesa de Enlace y en el ex Secretario de Agricultura Felipe
Solá, a los exclusivos responsables del modelo de sojización,
como si desde el 96 en que se habilitaran las primeras semillas
transgénicas de Soja RR hasta el presente, no hubiesen pasado
varias administraciones y como si la gran tragedia de tener
veinte millones de hectáreas sometidas a cultivos industriales y
millones de desplazados por la agricultura, pudiera ser puesta
al servicio de los mezquinos intereses que
se juegan en las internas políticas partidarias.
Pese a todas las
dificultades, contra viento y marea, en los últimos meses del
año 2009, la Campaña Paren de Fumigar alcanzó su pico de mayor
presencia y movilización con el gran Encuentro que en conjunto
con la Unión de Asambleas Ciudadanas, realizáramos en la ciudad
de San Lorenzo, Provincia de Santa Fe. El país entero se vio
obligado a reconocer el modelo basado en la exportación de
comodities y de barros con minerales raros, que tiene su salida
por ese puerto de San Lorenzo. En la declaración conjunta que
entonces emitiéramos, decíamos: “San Lorenzo
no es una ciudad cualquiera, es el punto focal de coincidencia
de las rutas de la soja, de la minería y de la trata, es el
vórtice de un embudo al que denominan modelo de agro exportación
y de nueva minería, por donde se desangra cada día la Patria de
los argentinos. Y si nos atrevemos desde esta localidad de San
Lorenzo a enfatizar las memorias de una Patria común, memorias relegadas y
menospreciadas en el imaginario de las políticas públicas y en
la formación ciudadana, es porque, precisamente, en estas
tierras de San
Lorenzo, se produjo el primer combate de los
patriotas contra el Imperio español en América del sur. Sentimos
que, las presencias fantasmales de aquellos héroes de ayer, nos
acompañan hoy en estas luchas que llevamos”.
Con el
Encuentro de San Lorenzo, la edición de cuatro mil ejemplares
del libro Pueblos Fumigados por la Editorial del Nuevo extremo,
y la presentación del Informe de la Campaña Paren de Fumigar, a
todas las autoridades del Poder Ejecutivo, Senadores y
Diputados, así como a la Corte Suprema de Justicia de la Nación,
creemos haber cerrado una etapa luego de cinco años de
campaña. Esa etapa fue de develamiento de una situación
extraordinaria, de denuncia institucionalizada de la extrema
condición de daño masivo en las personas que causan las
fumigaciones, y la promesa de llevar a la Justicia y más
específicamente a tribunales, por crímenes de lesa humanidad, a
los responsables de estos crímenes, cuando las condiciones para
ello se hagan propicias, y eso conlleva el duro reconocimiento
de que actualmente se incumplen las leyes que norman el uso de
tóxicos de la agricultura, tanto las leyes provinciales cuanto
la Ley mayor que es la Constitución Nacional.
Es preciso reconocer que esa extrema ausencia
de Justicia, se debe a la indiferencia generalizada, a la
ignorancia sobre los derechos ambientales o, sencillamente, a la
connivencia con el poder de los sojeros o de
los desmontadores, por parte de quienes deberían asegurar a la
población argentina los derechos a un
ambiente sano. En la presentación del
informe al público argentino en el transcurso del año 2009,
decíamos:
“El
dossier Paren de Fumigar presenta evidencias científicas que
refieren a los daños ocasionados por los agrotóxicos que
acompañan a los cultivos de Soja RR. También se exponen
presentaciones judiciales, demandas y querellas que han
proliferado en ámbitos de la justicia con suerte dispar. Los
intereses en juego son demasiado fuertes y las resistencias, la
ceguera y la sordera por parte de los más altos funcionarios y
legisladores a informarse, tomar conciencia y actuar, hacen el futuro
imprevisible. El informe refiere al
daño irreparable que producen los agrotóxicos: enfermedades de
carácter terminal y muertes que ha ocasionado y una
biodiversidad devastada. Se trata del efecto letal de un tipo
de agricultura que merece el apelativo de agrogenocidio. El
informe Pueblos
Fumigados es un testimonio de sufrimiento colectivo, pero
también es un camino para superarlo y una propuesta para generar
modelos alternativos en una Sociedad menos tóxica”.
Llegamos de esa manera a
una situación límite, una situación tan extrema en que pensamos
no tendría mayor sentido que, al menos nosotros, continuemos
presentando casos desgarradores de niños con meningocele o
explicando que los altos índices de muertes durante el embarazo,
se deben a que la propia Naturaleza aborta la vida cuando las
deformaciones del feto hacen improbable esa vida… Ni siquiera se
necesitan estadísticas, basta recorrer el país como nosotros lo
hicimos tantas veces para advertir las consecuencias letales del
boom de la soja. Deberían haberse hecho estudios médicos
epidemiológicos, tal como hemos reclamado numerosas veces, y
respondiendo a los informes de numerosos facultativos y hasta
directores de hospitales públicos, preocupados por la cantidad
de casos producidos de labios leporinos, situaciones de
discapacitación mental o física, leucemia y diabetes en niños,
osteoporosis, espina bífida, descenso generalizado de la
capacidad espermática, etc. Esos estudios no se hicieron ni se
hacen, porque existe una voluntad política de ignorar y de
naturalizar las consecuencias de un modelo de sojización, que
cuenta con todo el respaldo de la dirigencia política, tanto del
Gobierno como de la oposición, tanto de la Iglesia como de los
sindicatos, tanto del INTA como del CONICET y también, del
grueso de las Universidades. Llegados a ese punto de exposición
de los crímenes provocados por el modelo productivo y de las
amenazas aún mayores que implicaba la liberación constante de
nuevos transgénicos al ambiente y su incorporación a la comida
de los argentinos, no fuimos capaces de imaginar como ir más
adelante en una Democracia que se cerró en todas sus instancias
a darse por enterada de lo que denunciábamos. Estamos
convencidos de la absoluta y extendida complicidad, connivencia
y cooperación de toda la dirigencia con las
Corporaciones transnacionales de las semillas y de la
Biotecnología. Que algunos pícaros al servicio de intereses
mezquinos intenten ahora, culpar solamente a la Mesa de Enlace
de la sojización, es una burla a la
inteligencia de los argentinos. Es evidente y más allá del
accionar voraz e impiadoso de los propios sojeros, la existencia
de políticas de Estado que han respaldado y
privilegiado el modelo de sojización y las fumigaciones que lo
acompañan. También es evidente que esas Políticas de Estado
cruzan sin excepción todos los gobiernos habidos desde la
Democracia y que esas políticas son absolutamente herederas de
los cambios realizados por la dictadura militar y que en su
momento Martínez de Hoz anticipara con demoníaca lucidez, que
modificarían a la Argentina para siempre…
La incorporación
reciente de Diputados Nacionales del oficialismo a la Campaña
contra las fumigaciones, basándose en denunciar el glifosato,
además de centralizar la atención en apenas un aspecto del
problema, tiende a extraviar las protestas en inconducentes y
exclusivos caminos jurídicos. El accionar
de esos diputados o diputadas nacionales, así
como de otras Diputadas provinciales, especialmente en
provincias como Santa Fe en que el kichnerismo es oposición y no
tiene por lo tanto, responsabilidades de gobierno, ha supuesto
una clara maniobra para desviar las energías de la protesta y
convertirlas paulatinamente en campañas inocuas que, en vez de
impugnar al modelo, terminen legitimándolo y haciéndolo
aceptable. De esa manera, las víctimas podrían, llegar a ser
utilizadas como baza por uno de los bandos en pugna, en la mesa
de negociación donde se discute quiénes y cómo manejan las
enormes rentas que proporciona el modelo de la soja. De hecho, en un
frente con sectores políticos y desde usinas del conformismo y
de la política “del pájaro en mano” como la de Carta Abierta,
algunos sectores sociales de base alimentados con la gran caja
asistencial, y ONG financiadas por fundaciones ligadas a las
políticas europeas de certificación,
pretenden reducir la lucha de los pueblos fumigados a denunciar
el Glifosato o a discutir tan solo la cantidad de metros que
distarían los primeros campos de soja de la última calle de los
pueblos. Estos intentos, en especial si concentran el
esfuerzo de las poblaciones sin otras o mayores alternativas,
son sencillamente miserables. Lo son, porque se están
malversando años de lucha y porque se traicionan las mejores
esperanzas en un cambio profundo del modelo agrícola argentino,
mientras se lo justifica bajo falsos presupuestos ecologistas.
Consignas como “soja para hoy hambre para mañana”, que se
reeditan en estos días quizá por falta de imaginación, son
confusas respecto al concepto de alimentación y de patrimonios
culturales, pero además de banales e inconducentes, son la
penosa expresión de una flagrante cobardía intelectual para
denunciar los crímenes del modelo impuesto. Modificar el “Paren
de fumigar” por el nuevo “paren de fumigarnos”, tal como están
haciendo algunos sectores y más allá de la candidez y de las
buenas intenciones de muchas de las víctimas, suena como
expresión de renuncia a una lucha de conjunto. Se estaría ahora,
haciendo gravitar la idea de territorio, de salvarse uno, y en
definitiva, de que lo que ocurra más allá, no es el propio
problema….Sabemos, sin embargo y pese al paquete de simulacros y
de distracciones que corresponden a una
época y a una dirigencia política de izquierda progresista, de
dobles discursos y buenas relaciones con las Corporaciones, que,
en última instancia, la palabra definitiva en este espacio y en
estas luchas, no es de las ONG encubridoras y cómplices, o de
ciertos grupos ambientalistas seducidos o ganados por las
polarizaciones políticas a la moda, polarizaciones que se
alimentan y realimentan desde un pensamiento binario, sino de
los mismos pueblos fumigados a los que durante más de cinco años
de Campaña, hemos tratado de proporcionar las armas necesarias
para comprender y para enfrentar las agresiones a la vida, de
que son objeto. Ellos tienen en definitiva la palabra y ellos
deben decidir cuáles son los caminos a recorrer en las próximas
etapas.
GRR Grupo de
Reflexión Rural
www.grr.org.ar
4 de
marzo de 2010