El GRR frente
al Congreso Forestal Mundial
Frente al Congreso Forestal Mundial (CFM) nos hemos
convocado desde el GRR, en defensa del
monte, del bosque y de la selva. Nos hemos convocado para tomar conciencia de
las nuevas amenazas y volcarlas en el papel. Nos hemos reunido asimismo para
evaluar nuestros actuales ecosistemas devastados o en estado de extremo peligro
y para reflexionar en relación a la profundización de la carrera extractiva a
escala mundial que también especula con nuestro territorio. Esta vez, se nos propone la forestación industrial en gran
escala, un proyecto comercial que no dudamos en visualizar como una firme
continuidad de las peores prácticas y agresiones a la Naturaleza y a las
poblaciones, que hemos sufrido hasta el momento. Aún más todavía, pensamos que los
agronegocios forestales nos proponen monocultivos, tanto o más peligrosos que los
de soja.
En las relaciones neocoloniales que las Corporaciones Transnacionales
y el capitalismo globalizado establecen con nuestros países, intentan
reemplazar los valores de la vida por ecuaciones contables. De esa manera, se
imponen criterios de crecimiento y de escala, donde se rinde culto a las
tecnologías y al progreso, extraviándose totalmente, junto a toda promesa de
justicia, el objetivo de procurar el buen vivir de nuestros pueblos. El
resultado político de estas sumisiones de las dirigencias a los criterios del
poder globalizado y a las nuevas dependencias nacionales, son la generalizada
pérdida de identidad y una extendida infelicidad, además de una gigantesca
deuda ecológica que hipoteca el ambiente que nos rodea y compromete la suerte
de las próximas generaciones…
Frente al CFM
y a su publicidad engañosa respaldada por los más altos funcionarios de la Nación, reafirmamos,
que los bosques y montes nativos biodiversos, son la base de la vida sobre el
Planeta y que las plantaciones de árboles no son “bosques”, tal como nos lo
dicen, sino que son meros monocultivos de árboles
. Los bosques contienen siempre fauna y flora en su seno, pero además son el
hábitat natural de campesinos criollos y de pueblos originarios. Sería
imposible imaginar el monte, el bosque o la selva sin la presencia de un hombre
con arraigo y con una cultura adaptada a las circunstancias del hábitat y con
modelos productivos en una escala local. No ocurre lo mismo con los
monocultivos de árboles, no importa de qué especie sean. Frente a ellos la vida
retrocede, se repliega, lo humano se ausenta y la biodiversidad desaparece. En
el monocultivo de árboles, la monotonía de la plantación se nos impone sobre la
fiesta de la diversidad en la Naturaleza. Desde
estas perspectivas, hablar de recuperar un bosque es mucho más que plantar
árboles, cualquier árbol, y en cualquier lugar. En este sentido nos parece
penosa y engañosa la ceremonia de respaldo al CFM realizada por la Ministra de Defensa Nilda
Garré con algunos soldados plantando un arbolito en un predio militar, y
reiteramos que aquí no se trata de plantar árboles, sino del desembarco de los
agronegocios forestales sobre las tierras de la sojización. Rechazamos asimismo,
el anunciado uso de tierras administradas por las Fuerzas Armadas
para el mismo fin. En cambio, proponemos que den ejemplos de defensa de la
biodiversidad y de la soberanía alimentaria, empezando por su entorno directo.
En esta etapa de post globalización, de mercados
certificados y supuestas sociedades del conocimiento, los espacios dedicados a
los maquillajes verdes y las complicidades de variados colores, parecieran ser
la nueva regla. En especial, las grandes ONG han devenido gradualmente cómplices
de las nuevas políticas diseñadas desde la Responsabilidad Social
Empresarial y la
Responsabilidad Social Corporativa. Ellas son servidas por un
ambientalismo dispuesto
a encubrir los nuevos mecanismos del dominio internacional e impedir la toma de
conciencia por parte de las poblaciones. En nuestros países, donde la idea de
Soberanía parece haber sido borrada de los discursos y de las agendas políticas,
existe sin embargo un amplio espacio para instalar temas como los de la
soberanía biotecnológica. Se trata en definitiva, de los derechos que reclaman
nuestras dirigencias asociadas a las Corporaciones, de disponer de los
royalties y patentamientos correspondientes a las nuevas producciones
científicas realizadas por encargo y bajo estrategias de ciencia e
investigación empresarial, con la finalidad de replicar sobre otros países, el
mismo modelo de contaminación y de saqueo que se viene imponiendo en la Argentina.
Tanto nosotros, como GRR, cuanto las redes de
organizaciones afines que propiciamos se organicen en defensa del monte, del
bosque y de la selva, deberíamos avanzar en el plano del pensamiento para
indagar los mecanismos de estos nuevos coloniajes transnacionales, poner en
descubierto las nuevas ecuaciones de la subordinación internacional, de sus inaceptables
divisiones del trabajo, y develar los mecanismos ideológicos que nos impiden comprender
qué es lo que nos sucede. Deberíamos ser capaces de enfrentar y anticipar a los
equipos multidisciplinarios de las empresas que van cooptando los discursos, apropiándose
y resignificando los conceptos con los que nos manejábamos hasta ayer. Sus
usinas de pensamiento no descansan, y han logrado cambiar los desarrollos
sustentables ya cooptados a sus discursos, por los de “mecanismos de
desarrollos limpios” que equivalen, en definitiva, a una trampa similar. Lo
mismo, cuando argumentan que los bosques nativos prístinos ya no existen, que
se los puede categorizar ahora, como montes degradados, y que esto les da
derecho a las empresas para continuar con el desmonte. Una vez más, se ponen
con sus disposiciones por encima de la Naturaleza y en lugar de remediar o recuperar, se
proponen tan sólo continuar con la devastación. Pero nosotros, por encima de
torpes o engañosos argumentos, disponemos de la tremenda fuerza de la realidad y
de la necesidad de recuperar los ecosistemas, verdades que nacen en esa encarnadura
atormentada de América Latina, sometida a las reglas impiadosas de la contaminación
y del saqueo, a la vez que a nuestra voluntad de sobrevivir.
Frente a los discursos mentirosos debemos redefinir, muy
especialmente, el concepto de sustentabilidad,
y debemos hacerlo desde la ecología y recordando los cambios climáticos
consecuencia de los procesos de contaminación que provoca el Capitalismo
globalizado. Si no somos capaces de precisar que la sustentabilidad es siempre
ecológica y que debemos separarla absolutamente del concepto de rentabilidad,
seremos como tantos otros, que se extravían en discursos que exaltan lo
meramente social o las presuntas sustentabilidades económicas y sociales. Estos
últimos discursos más tienen que ver con los criterios de rentabilidad y
dominio tecnocrático que nos han colocado en la actual situación de extremo
riesgo en que vivimos, y en la actualidad, devienen obsoletos y poco tienen que
ver con la lucha de los Pueblos por sobrevivir. Esos discursos son perfectamente
funcionales a los sistemas de explotación impuestos.
Los más grandes pensadores siempre colocaron en el hombre sus
preocupaciones, en cómo afrontar sus desvaríos, sus problemas, su infelicidad o
su ignorancia. Hoy el imperio de la ciencia empresarial ahoga la Naturaleza y prescinde
del hombre. La pregunta que nos hacemos es: ¿quiénes son los que deciden, quiénes
son los prescindibles? El primer mundo lo decide, de hecho…Ellos están
generando este modelo de dominación y de negocios, no son co-habitantes del
mundo, sino que deciden a gran escala qué es lo que va a ocurrir con el mundo...
En un planeta globalizado y regido por las reglas férreas del consumismo, de la
industria bélica y de los sistemas extractivos, los que menos consumen, serán
inevitablemente los prescindibles, los nuevos condenados de la Tierra...
La Revolución Bio y Nano tecnológica que ahora se nos
vende, es la continuación directa de la “Revolución Verde” que aplicó en la
agricultura los criterios bélicos, los insumos tóxicos y la mecanización
derivadas de las dos grandes guerras mundiales. Esa presunta Revolución verde y
su continuación biotecnológica, ha generado hambre, desarraigo e inenarrable miseria
en un mundo arrastrado a un proceso de
graves y crecientes cambios climáticos y catástrofes ecológicas. Las últimas
informaciones refieren a que la cantidad de hambrientos superaron el millar de
millones de personas. Y el proceso de expulsión de poblaciones campesinas de
sus territorios, continúa acelerándose, y con esos procesos aumenta de modo
catastrófico la inseguridad alimentaria. En plena era de agotamiento de los
recursos fósiles, es dable suponer que la finalización de la fabulosa fuente de
energías que significó y aún significa
el petróleo para la humanidad, provocará
colapsos difíciles de prever, y que este modelo impuesto de territorios
vaciados de sus poblaciones y de enormes megalópolis rodeadas de inmensos
conurbanos de miseria y hacinamiento, puede significar una trampa espantosa para
una parte importante de la población del planeta, condenada irremisiblemente en
estas condiciones, a su desaparición física.
Nuestra experiencia es que a lo largo de los últimos años la Argentina ha
desarrollado desde las empresas o desde camarillas enquistadas en los aparatos
funcionariales, decisivas Políticas de Estado. Sin embargo, el conocimiento de
esas políticas son reservadas tan solo a los entendidos, ni siquiera muchos de
los dirigentes encargados de hacerlas cumplir, las conocen, o son conscientes
de sus implicancias. Los gobiernos de la Argentina, sometidos a los nuevos dominios
corporativos, no pueden transparentar los objetivos que se dan sus dirigencias
cómplices, no pueden asumir los fines subalternos que los comprometen y que
poco tienen que ver con sus discursos políticos públicos. Aún más todavía, los políticos electos no sólo no dan cuenta a
sus bases lo que hacen, sino que ni siquiera permiten que aquellos que los
votan en las barriadas populares, conozcan cuáles son las funciones que
desarrollan como diputados o como senadores o en cuáles Comisiones lo hacen. En
vez de estudiar las múltiples consecuencias, el análisis complejo es sustituido
por estudios de impacto ambiental manejados con astucia administrativa, pero
irresponsables desde lo social y desde lo ecológico. Similar a los mecanismos
de un golpe militar, un sistema de secreto y complicidades, desvirtúa
sistemáticamente a la
Democracia y permite mantener una vida política controlada y de
penumbras en la información necesaria a la interpretación de los hechos, una
vida política de baja intensidad de participación en la que, enormes zonas del
conocimiento son invisibilizadas o persistentemente silenciadas. Esta forma de
la política es un modo de privatización de la política. Es la asfixia
tecnocrática que ahoga la vida pública. En el caso del reciente Congreso
Forestal Mundial ocurrió exactamente eso. Se reunieron cerca de cinco mil
personas de diversos países del mundo, sin que los medios argentinos publicaran
sino poquísimas líneas al respecto, y pese al enorme respaldo recibido de las
más altas autoridades del Gobierno, el más grande enclave de agronegocios
forestales no fue motivo de análisis –y menos aun críticos- por parte de la
prensa política. Los medios optaron por las simplificaciones que caracterizan a
las relaciones públicas.
En el caso de la próxima Cumbre de las Naciones Unidas en
Dinamarca para tratar los protocolos frente al Cambio Climático, ocurre
exactamente lo mismo. Las instrucciones públicas del Ministerio de Agricultura a
la Cancillería
suelen ser suficientemente anodinas y abstractas, tales como las de recomendar
una mayor seguridad alimentaria en el mundo, mediante mecanismos de eficiencia
productiva, a la vez que asegurar el libre comercio sin mayores impedimentos. Se
trata de enmascarar el plan maestro de los intereses corporativos, que consiste
en propiciar transgénicos, proponer la siembra directa para el mercado de los
bonos de carbono y continuar con el respaldo irrestricto de la Argentina a la Organización Mundial
de Comercio.
Nosotros como GRR, apostamos a la pequeña escala, según
evidencias favorables, logradas en diferentes partes del mundo y también, por
nuestras propias experiencias. Estamos ciertos que solo pequeñas escalas tienen
posibilidades de subsistir en un mundo en estado de catástrofe, y además, ser sustentables. Resulta por otra
parte evidente que las pequeñas comunidades autosustentables difieren en su
capacidad de resiliencia de los grandes conglomerados de gente, dependientes
tanto de la energía como de la provisión de alimentos desde zonas alejadas.
Proponemos producciones locales y consumo local. Desde esa perspectiva, la
única mitigación posible y real, es la de terminar con la dependencia de los
grandes mercados y de las grandes distancias.
Mientras tanto, y pese a la evidencia incontrastable de
cómo crece el hambre en el mundo y en la propia Argentina, el prolongado circo
entre el gobierno y la Mesa
de Enlace ha concluido con un final feliz para el sistema impuesto. En la
procesión a Luján, todos los protagonistas fraternizaron de manera hipócrita. Esos
acuerdos han dado frutos en un nuevo Ministerio ostensiblemente gobernado por los
hombres de las empresas granarias y de la agroexportación. Resulta decisivo
para el sistema establecido en la
Argentina, que la imagen y los discursos políticos encubran
el modelo de agronegocios corporativo basado en los sistemas extractivos y de
producción de commodities, agrocombustibles y ahora árboles implantados. En ese
encubrimiento y en esos simulacros, reside la posibilidad de continuar
sirviendo como punta de lanza a las empresas transnacionales en el plano
internacional, a la vez que operando como progresistas en el plano interior.
Develar esta aparente esquizofrenia que oculta las nuevas sumisiones
consentidas por una dirigencia renegada de su tierra y sus orígenes, es parte
importante de la lucha que nos hemos propuesto, para recuperar un Proyecto
Nacional, en una Argentina con Soberanía Alimentaria y Justicia Social.
GRR Grupo de
Reflexión Rural
Primero de Noviembre
de 2009
www.grr.org.ar