1.- LA CULTURA FRENTE A LA SITUACION DE
EMERGENCIA
Las
consecuencias del modelo económico aplicado en la Argentina en las últimas
décadas, se expresan bajo las formas de una catástrofe sin precedentes, con
impactos severos en lo social, político, económico, psicológico y ambiental.
Además, el proceso de globalización económica y cultural anula hoy las
capacidades de las comunidades para enfrentarse en forma autónoma a estas
adversidades comparables a los grandes cataclismos.
La catástrofe actual se caracteriza por la violencia y la simultaneidad de los
acontecimientos, y ello dificulta su asimilación por parte de las personas y de
los grupos. Bajo esas condiciones, los trastornos aparecen y se multiplican por
efecto catarata, por desmoronamiento, como lo indica el origen de la palabra
(cata significa desmoronamiento). Así aparecen sucesos de extensión masiva como
cierre de fabricas, clausura de organismos sociales, imposibilidad de usar los
ahorros, y reducción o imposibilidad de dar apoyo por parte de las
organizaciones tradicionales de asistencia.
La magnitud y la velocidad de los acontecimientos suele impedir poner en
práctica cualquier respuesta verdaderamente eficaz. En estos casos no siempre
la población se une por los problemas que le son comunes, contradiciendo la
tradicional idea de que la unidad surge naturalmente en momentos de crisis, y
se instala una conciencia de supervivencia con pautas de conducta muy precarias
y alejadas de la ética tradicional (efecto de situación límite).
Los investigadores de desastres afirman que el riesgo no sólo depende de la
magnitud de la amenaza sino, fundamentalmente, del grado de vulnerabilidad que
padece la sociedad expuesta a esa amenaza; se valora el nivel de los riesgos a
los que está sometida una sociedad por el grado de relación que existe entre la
amenaza y la vulnerabilidad. Así, aunque la amenaza se pequeña, el riesgo se
magnifica si la vulnerabilidad es alta. Una lluvia de escasa intensidad, que en
general no entrañaría peligro, puede llegar a poner en riesgo de inundación a
una comunidad que viva en una zona baja. La elección del lugar en que habita la
convierte en muy vulnerable.
Mientras que tradicionalmente la amenaza era considerada como el factor activo
y la vulnerabilidad como pasivo, ahora se reconoce que la vulnerabilidad es
producto de factores económicos, sociales y culturales, así como de decisiones
políticas erróneas. Por ejemplo, cuando por ignorancia o por aprovechar la
baratura de los terrenos se planifican y construyen viviendas en el valle de
inundación de un río, sin siquiera haber tomado los recaudos necesarios para
que las casas no se construyeran a nivel del suelo. O cuando se asientan
poblaciones sobre antiguos basureros industriales o en las cercanías de hornos
de incineración de residuos tóxicos o patológicos. Es evidente que en estos
casos se está sencillamente, creando el riesgo y convocando a la catástrofe.
Así como
aumenta la vulnerabilidad de un pueblo por las políticas impuestas desde los
centros económicos de poder (amenaza) se puede comenzar también a limitar sus
efectos y a recorrer un camino inverso reduciendo la vulnerabilidad. Lo que se
hace tradicionalmente es tratar de actuar sobre la amenaza y no considerar la
vulnerabilidad por lo cual se repite permanentemente un ciclo donde
reaparece un factor de difícil eliminación, dejando de lado aquel sobre el
cual se puede actuar ya y con los recursos con que se cuenta.
2.-VULNERABILIDADES
Aunque es
obvio que la pobreza potencia la vulnerabilidad, existen múltiples factores que
la aumentan, de los cuales los mas relevantes son:
2.1.- Factores institucionales
La activa
participación de las organizaciones de la propia sociedad y el grado de
autonomía en relación con el Esta do
determinan el grado de vulnerabilidad de una comunidad. Comunidades altamente
dependientes de la asistencia social del Estado, son muy vulnerables. Es muy
importante por ello que la necesidad de intervención estatal en la etapa de
emergencia, no ahogue los mecanismos que posibilitan la autogestión y la
autoorganización de las comunidades .
2.2.- Factores económicos
Podríamos
decir que la posibilidad de absorber el impacto de una amenaza estaría dado en
algunos casos por las reservas de tipo económico que tenga el grupo pero
también por las reservas en materia de capital social o cultural que le
permitan resistir con los recursos disponibles a su alcance en el momento de la
crisis (estrategias de supervivencia sin dinero o con mínimo dinero). Los
grupos recientemente excluidos del mercado laboral tanto del campo como de la
ciudad, son altamente vulnerables. Incluimos en estas consideraciones también a
los pequeños productores rurales que quedaron fuera del sistema en la carrera
productivista de disminución de costos e incorporación de insumos.
Los grupos desarraigados de su cultura tradicional e incorporados a un sistema
de consumo se transforman en altamente vulnerables. Trasplantados a un medio
donde sus saberes pierden vigencia deben ser asistidos por el Estado para
sobrevivir. Por lo contrario, comunidades como la boliviana, que han mantenido
sus estrategias de vida, demuestran ser menos vulnerables y aún más todavía han
logrado prosperar en situaciones de riesgo generalizado.
El desarraigo, consecuencia de la implementación del modelo de apertura
irrestricta del mercado, es el signo más evidente de la desestructuración del
tejido social que privilegia la producción de bienes primarios para el mercado
externo.
2.3.- Factores sociales
La
presencia o ausencia de una organización social entre las poblaciones en riesgo
es lo que determina sus grados de vulnerabilidad, ya que la fragmentación
social acentúa su indefensión. También hace a la diferencia, al momento de
responder a las situaciones de catástrofe, el tipo de organización porque las
que tienen muy bajo nivel de participación real y un liderazgo centralizado en
una sola persona, no tiene la misma fortaleza que una organización con activa
participación de sus miembros.
2.4.- Factores culturales
Una
población con profundos lazos culturales resiste mejor las situaciones de
crisis que ponen en peligro a su integridad, a diferencia de otras que, tal
como la nuestra, sus redes de sostén se han deteriorado.
En la Argentina, los monocultivos y los cultivos en gran escala han conducido
al desmoronamiento de los tradicionales mecanismos de seguridad alimentaria
construido por varias generaciones de argentinos. Como consecuencia del
despoblamiento y el éxodo a los conurbanos de pobreza, cerca de 600 pueblos
rurales se encuentran actualmente en vías de desaparición. La emigración, en
estos casos, implica la desaparición del oikos, el hogar y el hábitat. Como
dijo alguna vez el pensador Rodolfo Kusch, "sin suelo no hay arraigo y sin arraigo no hay reclamo por lo propio ...
si no hay un horizonte simbólico, ni un suelo, entonces no hay nada por que
decidirse. Es decir, no hay un sujeto cultural. La decisión cultural expresa
siempre las estrategias de vida del sujeto cultural". Para Kusch
"., "la cultura es una estrategia
para vivir en un lugar y en un tiempo. El horizonte simbólico es la posibilidad
de esa estrategia ... no es sólo lo aportado por una
tradición, sino además es el baluarte simbólico en el cual uno se refugia para
defender la significación de su existencia”.
Los lazos sociales, la capacidad de intercambio simbólico que implica nuestra
condición cultural están alterados profundamente. Los procesos de
uniformización y homogeneización que se han impuesto sobre lo cultural
avasallaron las particularidades locales y por lo tanto la diversidad. Imperan
mecanismos de segregación y de exclusión que no tienen en cuenta lo diferente.
El empobrecimiento cultural es resultado de la supresión de esas diferencias.
En este marco, por lo tanto, nuestra identidad se encuentra en crisis.
Esa crisis de identidad es determinante en situaciones como la que vivimos ya
que alimenta una idea de no futuro. La visión que tiene una comunidad de sí
misma hace a la construcción de su propio destino. Puede resistir a
partir de un fuerte orgullo como comunidad o como nación o entregarse
fácilmente si no se tiene esa mirada de sí o si ésta es negativa.
3. CULTURA Y DESARROLLO LOCAL
La interrelación existente en una comunidad entre las necesidades de sus
miembros, la forma de satisfacerlas y los recursos con que cuenta tiene un
carácter dinámico y permanente.
En los pueblos originarios existía una interrelación sociedad naturaleza
concebida para asegurar la armonía y la supervivencia. La cultura definía el
estilo de desarrollo. En nuestro País esa interrelación no existe, consumimos
cada vez más cosas que no producimos y dependemos muy significativamente de
productos generados fuera de nuestro territorio.
Esa enorme transformación en las formas de producir y consumir como consecuencia
de la aplicación de un modelo económico de dependencia, nos ha hecho perder,
entre otras cosas, nuestra soberanía alimentaria. La actual inseguridad
alimentaria es una manifestación de dicha perdida producto no solo de la
perdida de la capacidad adquisitiva de los salarios e ingresos sino
también de la profunda alteración de las pautas tradicionales de consumo
reemplazadas por hábitos impuestos a través de campañas intensas y
permanentes.
3.1. Identidad y desarrollo local
La
Argentina atraviesa un proceso en el cual muchos de sus habitantes quisieran
emigrar a otro país, y de hecho muchos lo hacen. Para ellos, la identidad en
crisis y en proceso de desidentificación adquiere atributos de falta de
horizontes, de humillación, de desempleo, e incertidumbres globales. Esa crisis
de identidad es la consecuencia de un proceso de devaluación sistemática de la
culturas locales y de hipervalorización de la de los centros de poder. Este
menosprecio de todo lo local, desde la comida hasta los zapatos y la música,
crea un alto grado de dependencia. Lamentablemente estos fenómenos se han
profundizado en las últimas décadas hasta alcanzar un grado sumamente crítico.
Urge iniciar un proceso de recuperación cultural, donde lo local sea el
elemento central, tanto en términos de ejecución como de toma de decisiones y
esto implica horizontalidad en la información y también en la participación y
en los controles ciudadanos. Lo local es siempre un espacio de identidad
y solidaridad y un escenario de construcción, de reconocimientos y de
realización cultural. El esfuerzo por recuperar o reconstruir la identidad
cultural se vincula directamente con la revalorización de formas tradicionales
del trabajo, de las tecnologías, de formas de organización y de autogestión, de
planificación y de distribución económica.
Los actores locales unidos por una voluntad solidaria toman a cargo el
desarrollo de su territorio en función de sus necesidades y de los recursos
locales. Su proyecto cultural supera las consideraciones productivistas y
genera nuevas relaciones sociales que fortalecen el propio proyecto cultural
que se va realizando a lo largo de un continuo devenir.
4. LO CULTURAL COMO CLAVE DEL DESARROLLO
LOCAL
Hemos perdido códigos y valores de referencia, y muchos de nuestros derechos
han sido conculcados, los mecanismos de transmisión cultural se encuentran
debilitados cuando no anulados, los derechos de los agricultores respecto a la
producción de semilla propia y al control de su espacio son desconocidos, al
igual que los derechos de los Pueblos originarios al conocimiento y a sus
prácticas ancestrales.
Pensamos lo cultural como lo específicamente humano, intercambio simbólico,
mediación y posibilidades de hacer lazos con el otro desde la identidad.
Podremos "volver a la cultura" sólo si promovemos el arraigo,
desarrollamos lo local y rescatamos los recursos materiales y simbólicos
propios de cada lugar, dinamizando procesos socioculturales y educativos para
reconstruir lo culturalmente destruido.
Necesitamos que múltiples producciones culturales recobren vida y sean
reinstaladas, desde la recuperación de las semillas nativas hasta los modelos
de cultivos asociados, desde las artesanías hasta la música y las artes en
general.
El
desarrollo local, como propuesta, es un desafío que implicará el
establecer nuevas relaciones entre la economía, la política y la cultura
para desplegar toda la potencialidad de la diversidad cultural en un proceso de
integración que exprese en cada paso una identidad que emerge y consolida una
comunidad soberana.
GRR. Programa de Desarrollo Cultural Local. Año 2002