La
dificultad de ENTENDER el verdadero significado de la soja sustentable
Ing. Agr. Adolfo Boy
GRR
Mayo de 2005
A manera de introducción
Quienes
despoblaron el territorio nacional, contaminaron las cuencas fluviales,
desmontaron millones de hectáreas y aceptaron por equivalencia sustancial los
cultivos genéticamente modificados, como acto virtuoso producto de
En la propuesta
se parte de una "profunda preocupación social" de mantener a los
pequeños productores, campesinos dentro de la producción, en sus comunidades, y
la "sensibilidad ambiental" los compromete con la captura de carbono,
en tanto que la degradación de las tierras se detendrá con mas siembra directa,
rotaciones y ganadería.
En su
responsable aunque tardío discurso, abren sus organizaciones a la participación
de la sociedad por medio del tercer sector y en un marco de "ciencia
sólida" por medio de las Universidades y los organismos de I&D. No faltarán a esta RESPONSABLE convocatoria la inefable FAO y sus
"facilitadores" financieros: BM y BID.
Para entender los fundamentos
En Clarín Rural
del 27 de noviembre 2004 hay datos fundamentales del proyecto global, que
coincide con la propuesta del Fondo Mundial para
1-Faltará
soja a nivel mundial, tanto para alimentación animal como para biocombustible;
2-en
Argentina mucha soja se exporta como poroto y "debería" ser molturada
(procesada) en el país;
3-la
producción de soja sustentable en siembra directa es "captora de
carbono" y
4-la soja
orgánica crece en demanda desde el norte.
Para
"asegurar" la provisión de soja para los países del norte, se
considera que son necesarias unas 20 millones de hectáreas, que están solo
disponibles en América Latina. Así en
Para entender la propuesta
Desde que se
conformó el GRR (Grupo de Reflexión Rural)nuestros
documentos denunciaban la pérdida de cultivos básicos en la alimentación
nacional y con esta pérdida el despoblamiento del campo junto al crecimiento
"inhumano" de los suburbios urbanos, con desempleo, hambre y
desnutrición.
Hambre y desnutrición que se contradicen con
cosechas record (83,5 millones de toneladas para 2004/05) y que tratan de ser
mitigados con alimentos en base a soja (Soja Solidaria) que "donan"
como un acto de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) los pooles de siembra y AAPRESID (Asociación Argentina
Productores en Siembra Directa).
Hoy nadie
discute la catástrofe alimentaria Argentina; sin embargo la propuesta de las
100 millones de toneladas son pensadas en base a soja PARA EXPORTACIÓN, es
decir, se insiste en un modelo de "derrame", ignorando la realidad
social, de creciente desempleo, por expulsión de agricultores pequeños y
medianos no solo de la pampa húmeda sino también de las economías regionales.
Para entender las diferencias entre producción orgánica y producción
sustentable
La génesis
de las distintas filosofías de producción orgánica, es la autoproducción de
alimentos, tal es el caso de la producción biodinámica y la permacultura,
también Mokichi Okada, como
Fukuoka hacen de la autoproducción lo básico en la concepción orgánica, que por
ende está referida a pequeñas parcelas en las cuales se pone en práctica
"lo pequeño es hermoso", donde la extensión de las producciones tiene
"dimensión humana".
Como consecuencia de lo dicho
ningún "maestro" de la agricultura orgánica, pensó en la
certificación,es decir la "testificación de una tercera parte" de que
efectivamente se trata de una producción orgánica. Esta
exigencia nace cuando se comienzan a
desvirtuar las bases de la producción orgánica, cual es el propio consumo o el
consumo local, se comienza a "producir para mercado" y mercados tan
lejanos como son los de ultramar, es decir cuando el consumidor se aleja del
lugar de origen del producto deben aparecer "escribanos" que
atestigüen la condición orgánica de los
productos.
Concretamente, se trata de que
dicha certificación es un costo adicionado al producto, que NO AGREGA NADA al
mismo, pero sin el cual no sería "legal" su venta como orgánico; mas
aun se van sumando certificaciones sobre la intermediación, transporte y
manipuleo de la mercadería, con el consiguiente incremento de los costos.
Mario Mejía
Gutiérrez, en la revista Biodiversidad, de enero de 2005, hace mención a un
trabajo donde Ángela Gómez titula ¿La
agricultura orgánica, una acción de resistencia o un mecanismo más de
sometimiento? Después de algo así como veinte años de trabajo de ONGs de
desarrollo rural en el área de Riosucio, Caldas, Colombia, y en particular en
zona de caficultura campesina e indígena, la autora
concluye: "Al interior de las organizaciones (populares) los procesos
para desarrollar sistemas de producción
agro ecológica teniendo en cuenta elementos productivos, socioculturales y
económicos, pierden peso y significancia cuando se hace mayor énfasis en
las ventajas económicas representadas en
el sobreprecio".
Cuenta allí
la autora, que caficultores orgánicos dejan de consumir su propio café,
prefiriendo marcas convencionales, para
no perderse una ínfima fracción del sobreprecio. Es la cultura del producto
orgánico para la exportación, soportado por una legión parásita de inspectores,
certificadores y reglamentos.
Se excluye
la opción de ser ecológicos a nuestra manera, autónomamente, frente a la
imposición de la norma extranjera. Después que se cumplan ciertas tecnologías
limpias, no importa que el café provenga del sistema latifundiario
o empresarial de monocultivo. Y se pregunta la autora si es el campesino
ecológico un sujeto de su agricultura, o un objeto industrial, dentro de un
sistema en el que las certificadoras lo controlan, sin concederle la menor
participación ni en la estructura ni en el funcionamiento de las mismas.
Por su parte,
Laercio Meirelles, del Centro Ecológico Ipé, Red Ecovida, Brasil, apelando a sus quince años de experiencia
en producción y comercialización de productos orgánicos se declara
"contrario a la exigencia legal de certificación para la comercialización de
productos orgánicos" argumentando, por un lado, los costos insoportables
de la certificación (este sistema parásito ya está desarrollando cadenas de
certificación para diferentes procesos de producción de un mismo producto); por otro lado, y esto
es lo peor, las certificadoras se asumen por encima de las organizaciones de
agricultores familiares, condicionándolas e imponiéndoseles, negando la
existencia de opciones de credibilidad en la base popular. Pero también la
certificación burocratiza el proceso de producción y comercialización. Para
Meirelles la alternativa a la certificación es un sistema en que "la
credibilidad es generada a partir de la seriedad conferida a la palabra de la
familia agricultora, y se legitima socialmente, de forma acumulativa, en las
distintas instancias organizativas que esta familia integra". Para
Meirelles la agricultura orgánica se sustenta principalmente en un proceso
ético, antes que económico y aun antes que ecológico. Y lamenta que "lo
que en un primer momento fue una iniciativa de los propios agricultores para
diferenciar el fruto de su trabajo, con una marca que los identificase, acabó
transformándose en un intrincado mecanismo que envuelve leyes, normalizaciones,
acreditaciones, inspecciones, contratos, certificados, sellos y fuertes
intereses comerciales". Y por último, el sobreprecio elitiza
el consumo, aleja de los pobres el producto sano, al que tiene derecho
cualquier persona.
La
consecuencia lógica de esta realidad es que los productos orgánicos
certificados son alimentos para quienes pueden pagar dos o tres veces mas de lo que cuesta un producto en condiciones normales.
Hasta aquí
hemos tratado de poner en claro tres bases de la producción orgánica:
escala
humana; consumo propio o local y "ética" por parte del agricultor que
hace innecesaria la certificación.
Queda claro
que los tres principios hoy están afectados por "interpretaciones"
que adaptan la producción orgánica a normas de mercado global.
La
producción sustentable es bastante mas difícil de definir y también se la
utiliza según las conveniencias de mercado global y ha tomado notoriedad desde
que el BM y el BID exigen que los pedidos de créditos demuestren "ex
ante" que tales proyectos son "sustentables", es obvio aclarar
que los entes financieros se refieren en primer término a la sustentabilidad
financiera.
Recientemente
su relevancia aumentó con
Con
demasiada frecuencia, y casi como norma general, proyectos de la base popular,
apoyados en fondos de cooperación internacional, hacen del sello ecológico un
objetivo inmediato, desde luego trasladando parte sustancial de aquellos fondos
a las certificadoras, y, logrado esto se posesionan en el terreno de las
exportaciones o de los mercados de cadena locales: paradoja en que sectores
pobres cierran sus conciencias frente a sus intereses de clase, para mejorar
aún más la calidad de vida de los consumidores extranjeros y de las élites
locales.
Pero es más:
la cooperación internacional impone su visión política, transformando sectores
populares en agentes serviles de las culturas industriales.
Pero no todo
es negativo. Al lado de la visión fundamentalmente económica de la agricultura
limpia se ensayan otros procedimientos, independientes de la certificación,
como lo son: en el campo de las exportaciones, el comercio justo, al estilo de
Max Havelaar desde 1997, lamentablemente a veces
viciado por el control de los exportadores;
el desarrollo de líneas de productos para el consumo popular local, del
que son ejemplo el café Madremonte de ACOC - Café
sano, en Riofrío, Valle, Colombia; la
creación de relaciones directas entre productores pobres y consumidores de
barrio popular, como es el caso de las Escuelas Ecológicas Campesinas del Eje
Cafetero; el mercado ciudadano de
excedentes (primero, el consumo familiar) en la ciudad de Cali, por el grupo de
Productores Orgánicos de Guacarí Valle, Colombia; la aproximación a
asociaciones campesinas con tendencia orgánica de programas gubernamentales de
asistencia alimentaria a sectores poblacionales vulnerables; y desde luego, un
número considerable de productores rurales que derivan a la práctica de la
agricultura orgánica por convicción, o excluidos de la agricultura de la
revolución verde por el alto costo de los insumos y la peligrosidad de los
agrotóxicos.
El PDPMM
Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, dirigido por el
internacionalmente condecorado padre jesuita Francisco de Roux es el proyecto
de mayor envergadura rural en Colombia, y además ha acogido elementos de
agricultura orgánica. Como corresponde a un proyecto de miles de millones de
pesos aportados por el Banco Mundial y
Una de las
características observadas en la agricultura orgánica de exportación en
Colombia por la vía empresarial es la de que el producto menosprecia el mercado
local, como es el caso del aceite de palma y del banano de una conocida firma
del Caribe.
La visión
económica de la agricultura orgánica está derivando en situaciones
inconcebibles. Del 5 al 7 de julio de 2004 se realizó en Roma
La visión autoritaria
La
certificación es el mecanismo policial de la visión económica de la agricultura
limpia. Desechada la ética y adoptada la tasa de ganancia como base de
construcción de una relación entre productor y consumidor, no quedó otro camino
que el del mercado autoritario, policíaco e insolidario,
donde media toda una legión de parásitos: expertos, consultores, asesores,
dignatarios de organizaciones, inspectores, exportadores... verdaderos dueños
del movimiento, los cuales, por lo regular, ni han sido ni serán productores en
el campo agrícola.
La
certificación es un invento europeo que se inicia con el reglamento 2092, de
junio de 1991, del Consejo de
A modo de ejemplo, el caso colombiano
En el caso
colombiano rige la resolución 074 del año 2002, sobre la cual haremos algunos
comentarios.
a) En primer lugar, su carácter
exclusivamente autoritario, desconociendo cualquier rudimento de procedimiento
democrático, así fuera por parte de organizaciones del movimiento orgánico, ya
no del orden nacional pero ni siquiera del orden latinoamericano; en segundo lugar, la concepción del oficio
del productor orgánico como sujeto de un procedimiento preexistente, de una
tecnología prefijada, y no de un proceso creativo, dinámico, cambiante,
colectivo, autónomo, a condiciones regionales; así, la agricultura orgánica no
la crea el productor sino que la condiciona la norma y sus guardianes, las
certificadoras.
b) En su artículo segundo la resolución 074
crea dos clases de productores: por inclusión, los legales, los reconocidos por
la certificación, los capaces de pagar por el requisito, los empresarios, los
ricos, los exportadores; y por exclusión, los pobres, los pequeños, los
incapaces de pago, precisamente el sector más promisorio para la construcción
de una sociedad que realice el derecho al alimento sano para todos: un ladrillo
más del edificio de una sociedad descaradamente injusta, donde el Estado se
niega a apoyar a los agricultores no certificados(1). Todo el poder para las
certificadoras, entidades de servicio comercial, con ánimo de lucro, carentes
de la capacidad creativa para resolver las interrogantes y tomar las decisiones
a las que les da atribución la resolución 074.
c) En su artículo 12 se establece la
medida dictatorial totalitaria del empadronamiento: el productor tiene que
inscribirse en un programa de certificación, a partir de cuya fecha comienza a
correr el primer requisito: el periodo de conversión. El previo consentimiento
y satisfacción de la entidad certificadora queda establecido en el Capítulo VI,
donde solo faltó que la respiración del productor se sometiera a la
autorización de la certificadora, y donde desde luego se desconoce la
existencia de más de veinticinco escuelas y paradigmas de agriculturas
alternativas, además de la permanente capacidad creativa del agricultor. En el Anexo I, de veintisiete aditivos al
suelo, 15 están referidos a consulta con la certificadora.
d) En el artículo 6 se excluye del uso en
agricultura orgánica los organismos transgénicos vivos. Y aunque el parágrafo 2
del artículo 15 da prioridad a las semillas nativas, ese artículo y el 18 sobre
pies de cría animal, no excluyen las semillas y razas patentadas, como es el
caso de las semillas científicas y de toda la industria aviar moderna. Así
queda burlada la agricultura orgánica como alternativa frente a la
privatización de la vida. Pero es más: el Estado colombiano, aliado de las
trasnacionales de la biotecnología, le pasa el peso de la prueba al agricultor
(artículo 39), quien queda con la misión de exigirle a los proveedores de
semillas o insumos una “declaración” de que éstos no son transgénicos.
___________
Pero aquí no acaba el asunto
Hacemos
notar el contraste de esta visión autoritaria de la agricultura orgánica con el
tratamiento de “mangas anchas” y de apoyo que se otorga a la agricultura de
agroquímicos y de transgénicos. Desde luego, en la aludida resolución no
aparece la más mínima referencia a la justicia social como elemento rector de
la producción rural: lo mismo da certificar un “gamonal” o caudillo latifundiario que una organización de campesinos pobres. Al
fin y al cabo se trata sólo de tecnologías.
Pero aquí no
acaba este asunto autoritario. La resolución 0148 de 2004 del Ministerio de
Agricultura de Colombia, crea ¡por fin! el sello ecológico y lo hace invocando
el artículo 78 de la constitución de 1991, que le ordena en su primer párrafo
al Estado proveer los medios para la debida información al consumidor y vigilar
la calidad: desde luego, no se han tomado medidas con respecto a alimentos
transgénicos o producidos con agroquímicos; tampoco se ha construido el sistema
correspondiente a los otros dos párrafos del artículo 78: el de la
responsabilidad de los industriales y de las transnacionales por sus
“maravillosos” productos; y el de la participación de las organizaciones de
consumidores en las disposiciones estatales.
Esta
resolución se apodera de un zarpazo del trabajo civil de más de veinte años
declarando en su artículo segundo que el sello es de propiedad de
A partir del
año 2004 los grandes “cacaos” de Colombia se suman a la agricultura orgánica.
Lo cual no necesariamente significa el poder para los agricultores ecológicos.
Todo lo contrario. Es la captación del movimiento por los dueños civiles del
poder político. El Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (no se trata de
un sarcasmo mío, sino que ese es su nombre) ha creado
Por
descontado se da que
No se trata
del diablo haciendo hostias: es una clara expresión de ejercicio de poder sobre
algo que ofrece perspectivas económicas y que va creando poder civil
alternativo: cuestión de dominación, de autoridad, de control, de vigilancia,
de manejo, de separación de categorías: los buenos, los legales al lado
derecho. ¿Qué se busca? ¿Proveer alimento sano a toda la población, o dinero,
poder y dominación?
¿Y de qué
lado van a estar la ciencia y la tecnología en esto de la agricultura orgánica?
Por supuesto, del lado de la visión industrial. Como prueba, el proyecto de
norma técnica colombiana NTC 5167 de marzo de
La
resolución del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) de octubre de 1995 se
refiere al control técnico de los insumos agrícolas. Como es de esperarse, la
norma se refiere sólo a actividades comerciales e industriales, y su criterio
en lo que respecta a investigación es confesional del método científico; de
modo que la norma no tiene que ver con las culturas rurales, por fortuna. Pero
estos asuntos ya los tenemos resueltos a nivel de agricultura orgánica popular:
preparación de los insumos en la propia finca, con recursos locales, mediante
la elevación del nivel cultural del agricultor.
... y más de la visión dominadora
De la visión
dominadora no se escapan ni siquiera las organizaciones del nivel internacional
de agricultura orgánica. Desde 2003
Es necesario
un deslinde entre practicantes de la agricultura orgánica y las instancias
dominadoras de la actividad rural, las cuales han adoptado el camino de los
transgénicos, a saber: el Banco Mundial y sus agentes (por ejemplo, el Centro
Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) en Colombia), las organizaciones
del Estado, y, en especial
La
certificación no es garantía de que el producto sea orgánico, por razones como
las siguientes:
·
Porque permite el empleo de transgénicos no vivos; por ejemplo, materias
primas transgénicas para la fabricación de alimentos para animales.
·
Porque permite la crianza de semillas y razas patentadas, privatizadas,
contra el principio de no apropiación de la vida.
·
Porque deja de lado otros principios éticos, morales, históricos,
culturales, filosóficos, políticos, espirituales, religiosos, aceptando, por
ejemplo, que los empleados y obreros de la producción orgánica permanezcan con
menos calidad de vida que los animales utilizados.
·
Porque burocratiza y elitiza el alimento sano.
·
Porque legitima la exportación de alimentos desde países empobrecidos y
desde grupos de productores subalimentados, a favor de élites adineradas y de
países enriquecidos.
·
Porque reduce el sistema de producción a una norma impuesta por los
países opulentos, imposibilitando el desarrollo de formas autónomas, es decir,
de acuerdo con las propias condiciones geográficas, culturales y biodiversas de las regiones productoras.
Los
reglamentos europeos sobre semilla ecológica seguramente serán copiados por las
autoridades colombianas y confiados a las
certificadoras, como si Colombia fuera Suiza. Lo que viene ocurriendo en Europa
con respecto a normas sobre semillas es patológico; una pesadilla de
reglamentos, del que son muestras disposiciones como las siguientes: la norma
98/95 del Consejo de
¿Qué hacer?
Desde luego,
en primer lugar el debate, la actitud crítica, la autocrítica, la reflexión, el
estudio, la lectura... avanzando en la clarificación de la idea, en la
diferenciación de los intereses.
También en
la agricultura orgánica lo fundamental es el crecimiento cultural, intelectual,
espiritual, incorporando al proceso elementos morales, éticos, históricos,
políticos, filosóficos, religiosos... Si no es así, no vale la pena. Es preciso
definir si bastan planteamientos económicos y ecológicos para construir un
movimiento alternativo en agricultura. Es preciso diferenciar la agricultura de
exportación, la agricultura comercial (aunque tenga sobreprecio), para
beneficio de las élites nacionales y de los consumidores extranjeros de altos
ingresos, frente a una agricultura que permita realizar el derecho de acceso al
alimento sano para todos a precios corrientes. Es preciso tener claro el
concepto de seguridad alimentaria para todos a través de un sistema de
soberanía y autonomía.
·
La oferta al consumidor de alimentos excedentarios primero, la comida de
la familia del productor en los “mercados” populares o de barrio se confronta
con la idea de sembrar para vender o sembrar solamente lo que se venda. Llevado
aquel principio a la escala nacional es primero el autoabastecimiento que la
exportación.
·
En caso de comercio exterior preferir formas alternativas, sin
certificación, como el llamado “comercio justo”, con independencia del control
de las firmas exportadoras, y la relación directa entre organizaciones de
agricultores ecológicos con comunidades y organizaciones de consumidores
extranjeros a través de mecanismos de credibilidad.
·
Frente a los sellos institucionales, los sellos propios, los de libre
creación de cada colectivo o de cada familia.
·
Frente al autoritarismo de los dominadores, poder popular, autogestión,
afirmación de la identidad, resistencia civil a los reglamentos, creación
autónoma de lo nuestro, a nuestras condiciones, a nuestro ritmo, dentro de
nuestras limitaciones. Diferenciar la agricultura popular frente a la de los
“cacaos”.
·
Aprender a diferenciar culturas: las populares (campesina,
afrodescendientes, indígena) frente a las dominadoras (académica, tecnológica,
gringa, europea). No son lo mismo. Y tampoco podemos hacer una mezcolanza de
elementos de todas ellas.
·
Crecimiento cultural para producir y conservar nuestras propias
semillas, nuestros propios insumos: liberarnos de las tiendas y de las ofertas
cautivas de las transnacionales y de las agencias del Estado.
·
Rechazar la certificación; crear alternativas, pero fundamentalmente
establecer la palabra de la familia agricultora y del consenso veredal o de la organización campesina como fuente primaria
de credibilidad.
·
Abstenerse de consumir productos certificados, en forma similar al
rechazo a las industrias que ofrecen comida “chatarra” o “frankestein”,
o que constituyen oligopolios dominadores de la semilla y del alimento.
·
Actitud crítica frente a las organizaciones internacionales de
agricultura orgánica, especialmente frente a IFOAM, debido a los juegos
políticos de sus directivos.
No obstante
los sobreprecios, en Europa Occidental para la agricultura orgánica apenas
alcanzan, según los países, del 0.1% a un máximo del 8% o 10% (como son los
porcentajes máximos en los casos de Suiza y Austria, respectivamente). He aquí
un indicador de que los sobreprecios y subsidios no son el meollo del asunto.
Un informe de IFOAM de julio de 2004 menciona que en Gran Bretaña
Notas
1 Es el
caso, por ejemplo, de
2 N. del E.:
nombre que se le da en Colombia a los empresarios muy acaudalados.
(*) Este
artículo trata el caso colombiano, que tiene similitudes con otros países del Tercer Mundo, en especial los
latinoamericanos.El autor expresa sus agradecimientos al personal del
Programa Semillas, Bogotá, Colombia, por
su apoyo en la obtención de documentos aquí comentados, así como al señor Juan José Soriano, de
©Revista Biodiversidad, sustento y culturas