Lilian Joensen
Bióloga,
PhD
GRR Grupo de Reflexión Rural/REDAST
Abril de
2003
Cuando se defiende la
biotecnología, no siempre se defiende una herramienta de la biología molecular.
Muy a menudo se defiende una industria (1-4). La biología molecular es el
estudio de los eventos moleculares, básicamente a nivel de ADN y ARN. Por medio
de la biología molecular, uno ha podido develar varios mecanismos intra- e
intercelulares desde sus orígenes, pero no hasta el final. Porque, en realidad,
ningún proceso biológico, puede ser conocido hasta el final.
Conociendo cómo se sintetiza una
enzima, uno puede construir una hipótesis basada en la probabilística. Me animo
a aseverar que nunca, el estudio basado en una hipótesis biológica nos ha
llevado a conclusiones simples únicas y absolutas. El estudio de un fenómenos
biológico siempre nos lleva a sorpresas que terminan abriendo nuevos misterios
a develar. Y aún hoy, a pesar de que muchas veces se nos quiere engañar, cada
descubrimiento plantea una solución mínima, al mismo tiempo que abre la puerta
a nuevos problemas y misterios que tardarán décadas en resolverse, si es que al
ser humano le queda tiempo suficiente para seguir estudiando, al paso en que se
esta usando a la ciencia, sólo con fines de lucro y no como herramienta para
aumentar nuestros conocimientos.
Cuando digo que se nos quiere
engañar, me refiero a que el modelo neoliberal ha tomado las riendas en el uso
de los conocimientos científicos, a través de empresas transnacionales que
deciden las políticas “científicas” a seguir, especialmente en los países del
tercer mundo (4-7).
Hoy día, cuando una empresa
transnacional ve utilidad en el estudio que lleva al desarrollo de alguna
técnica que, indirectamente, les pueda servir para aumentar sus ganancias y por
ende, su poderío económico, ahí se pone al frente, subsidiando los proyectos de
los científicos que logren convencerla de los beneficios prácticos económicos
de sus estudios. Muchos científicos no tienen escrúpulos en entregar sus
conocimientos al servicio de los grandes grupos económicos, dado que lucran
directamente con esta entrega (8-9).
Pero no se trata solamente de
los científicos que directamente trabajan en el sector privado. En la medida en
que los estados del tercer mundo se han ido desvinculando de las universidades,
apelando a subsidios provenientes, directamente de empresas transnacionales, de
entes estatales de subsidios al tercer mundo desde los países desarrollados
centrales, o a través de agencias de instituciones internacionales como las
Naciones Unidas (FAO, OMS, UNICEF), los científicos estatales del tercer mundo
se han visto compelidos a orientar sus investigaciones hacia los intereses de
sus patrocinantes (10-11).
Es importante que la gente
pierda la inocencia que los lleva a creer que
Por otra parte, los científicos
del primer mundo no están ajenos a esta realidad. Ellos también dependen de
subsidios de las transnacionales, además de los estatales de sus propios
países. Países que, por otra parte, también están sufriendo permanentes
recortes, producto de las políticas neoliberales de sus gobernantes. Igualmente
en la mayoría de estos países, p. ej. en Europa, se cuenta con cierto nivel
intelectual de prensa libre, accesible a las mayorías, cosa que no es así en
países del tercer mundo, como el nuestro. Por este motivo, el público allí
tiene más acceso a información crítica y más independencia de pensamiento. Esto
lleva a que la investigación científica esté mas controlada y cuestionada,
cuando se sospecha de manejos puramente utilitarios y de lucro.
Dado que los científicos son
seres humanos, producto de la sociedad en que viven, ellos tienen los mismos
vicios que cualquier otra persona. Y nombro sólo los defectos, porque ya el mismo
sistema se encarga de mistificar las virtudes del científico, así que no creo
que valga la pena poner ningún esfuerzo en esto. Repito que los científicos hoy
día no son perfectos y son tan vulnerables a la corrupción como cualquier otro
profesional de la política, de la economía, de la ley y demás ramas de la
sociedad.
Aclaro esto último para explicar
que mucho de la experimentación científica que no se puede llevar a cabo en los
países donde la población en general obliga a sus gobernantes a respetar el
principio precautorio, es llevada a cabo en nuestros países del tercer mundo. Y
esto es avalado tanto por las agencias del PNUD (PNUMA, IFPRI), como por los
gobiernos que resisten la experimentación en sus propios países. Y en este
sentido,
Que entienda que hay una
conexión directa entre producción y soberanía y seguridad alimentaria.
Que hay una conexión directa
entre modelos de producción agropecuaria y hambre o bienestar social.
Que hay una conexión directa
entre modelo agropecuario y precios, calidad, cantidad y variedad de los
productos accesibles en las góndolas del supermercado.
No debería ser muy difícil
elucidar esto, pero por algún motivo, ni la población argentina ni sus
políticos, así como tampoco los científicos, pueden verlo. Sumando entonces la
relación que existe entre empresas transnacionales, organismos internacionales
del PNUD (PNUMA.IFPRI), entes estatales de subsidios al tercer mundo, desde los
países centrales y los científicos dispuestos a vender sus conocimientos (ver
esta interrelación en sponsors en: (12-14)), la biología molecular se ha
tornado en una herramienta de lucro para algunas empresas.
Pero para que esto fuera
posible, el pensamiento reduccionista que “reduce” la biología a la química,
sin mantener la visión holística de la complejidad de la primera, fue una
herramienta fundamental. Esto ocurrió especialmente en universidades, como las
argentinas, donde los estudiantes que eligen a la biología molecular como
orientación de sus carreras, dejaron de recibir educación obligatoria en otras
disciplinas de la biología, tales como la ecología y la evolución. Incluso se
restringió el conocimiento general de la fisiología tanto humana, animal y
vegetal.
La política universitaria de la
carrera biológica orientada hacia lo molecular, fue restringiendo su programa,
a través de dar importancia y trascendencia a materias, que apuntan a la visión
netamente reduccionista. Se crearon en los últimos años carreras orientadas a
lo meramente técnico, relacionadas a la biología molecular y la alimentación.
Aún los biólogos recibidos, producto de la carrera molecular, no tienen una
instrucción panorámica básica. Saben increíblemente mucho sobre métodos de
clonación y expresión en vectores. Pero si se aleja de allí la discusión, se
ven totalmente vulnerables.
En las facultades de ciencias
exactas, hoy día se puede observar una clara diferenciación entre los
“moleculares” y los “ecologistas” como si ambas orientaciones fueran opuestas e
irreconciliables una con otra. Existe también una sobreestimación de la calidad
intelectual de los biólogos moleculares. Estos han cobrado, incluso muchísimo
poder en varios centros de investigación estatales, por lo cual la visión
reduccionista también predomina en ellas. Además, se observa esto en las
carreras de doctorado, que también tienden a seleccionar dando mayor puntaje a
los cursos que fomentan la visión reduccionista de la biología, incluso dentro
de la epistemología.
Todo esto hace que el estudiante
y el profesional recibido en la orientación molecular se conviertan en
fundamentalistas reales, que no aceptan otra visión crítica. Les es imposible
entender otras posiciones y se sienten atacados frente a los cuestionamientos.
La biología molecular termina siendo para ellos, lo que la religión y la
defensa de un dios todopoderoso y creador es para el creacionista. No hay forma
posible de discutir científicamente con ellos.
Vierten conceptos equívocos en
los que creen férrea- y obtusamente. Esa necesidad de defensa frente al
“ataque” de otras ideas más amplias, los hace encerrarse en un sistema
corporativo muy sólido y difícil de penetrar o romper tanto desde dentro como
fuera. Esta restricción del conocimiento a lo meramente molecular, hace también
que defiendan a un modelo que garantiza su existencia y trabajo. Este modelo
los contiene realmente, ya que ve en ellos una herramienta fundamental para su
propaganda. El aspecto reduccionista de la biología, sólo puede existir en un
modelo neoliberal.
Al mismo tiempo que las
transnacionales de la biotecnología pueden crecer económicamente sólo si se
permite translucir el pensamiento biológico reduccionista y se menosprecia el
conocimiento científico integral. Necesita de científicos que crean y
promulguen la defensa e inevitabilidad del patentamiento de genes, como único
recurso para que la ciencia cumpla un papel lucrativo para las empresas
patrocinantes, única forma posible de subsistencia dentro del modelo
neoliberal. Necesita de científicos que sepan mucho de muy poco y nada del
resto. Necesita de científicos fundamentalistas que defiendan obsecuentemente
hipótesis incompletas y falaces. Necesita de científicos que, con la autoridad
que les dan sus cargos en entes estatales, descalifiquen toda hipótesis que
no convenga a sus patrocinantes.
Necesita de la soberbia y la arrogancia para desarmar cualquier posibilidad de
discusión constructiva. Necesita de científicos dispuestos a confundir a la
opinión pública.
Pero básicamente, necesita de
científicos con una preparación intelectual restringida a los conocimientos
puntuales y abierta al desconocimiento total de lo general. Necesita
científicos cada vez más comprometidos en políticas que tarde o temprano
demostrarán ser de altísimo riesgo y erróneas (15-16).
Todo esto se ha podido
garantizar de forma increíblemente eficiente y progresiva en las universidades
argentinas, en estas últimas décadas.
De esta forma es que el modelo
agrario de los cultivos transgénicos, tan cuestionados en el mundo, hayan
contado con la total simpatía de los científicos argentinos reduccionistas, que
han participado en forma activa y fundamental en el lobby de las
transnacionales de los agroquímicos (8-9). Han convencido a los productores y
se han convencido a sí mismos, también a través de un mecanismo de
retroalimentación, de los beneficios de los cultivos transgénicos. Han
trabajado desde los sectores privados y estatales (9) para comprometer al
productor en un modelo que ahora está mostrando las trampas (15-16). Trampas
que eran obvias y predecibles para los que venían advirtiendo de los riesgos y
exigiendo medidas acordes al principio precautorio.
Ahora contamos con millones y
millones de hectáreas sembradas con cultivos transgénicos en todo el territorio
argentino (17-18). Cultivos de semillas que han sido diseñadas con genes
patentados para la venta inmediata y a largo plazo de herbicidas que son
comercializados por las mismas empresas dueñas de las semillas genéticamente
modificadas. La modificación genética de los cultivos no tiene ningún sentido
fuera del marco económico neoliberal.
La transgénesis de los cultivos
sólo sirve para permitir que empresas como Monsanto (2) y sus asociadas puedan
vender en forma monopólica sus semillas, sus agroquímicos y sus maquinarias.
Sólo sirve para que la empresas, como Monsanto, puedan contar con una forma de
rotular químicamente una semilla o una planta. Esto se podría hacer básicamente
con cualquier secuencia de ADN, ya que conociéndola, se podría rastrear el
rótulo molecular con técnicas básicas de biología molecular.
Pero, por supuesto que introducir
un rótulo de ADN sin sentido para la traducción génica en una semilla o en una
planta, seguramente produciría un rechazo lógico. Por eso se rotula con genes
conocidos y justificables.
Un rótulo así son los genes Bt
incorporados al maíz, el trigo y el algodón transgénicos. Esto genes confieren
a la planta la resistencia a insectos (19). El que se usen los genes Bt, es
sólo una forma de justificar convenientemente la modificación genética, siempre
dentro de la visión reduccionista. Pero en la práctica se está demostrando que
esta modificación genética es perjudicial a largo plazo para el medio ambiente
(15). Aunque no es perjudicial para Monsanto, la empresa que ha adquirido la
patente.
Otra forma práctica de rotular
las semillas y plantas es a través de ADN que de paso codifique para la
resistencia al glifosato (RR por RoundUp Ready), un herbicida de propiedad de
la empresa que comercializa ambos (19). De esta forma no sólo se logra rotular
la semilla, sino que se vuelve dependiente al productor, llevándolo a comprar
cada vez mayor cantidad del herbicida en cuestión. Además, se lo obliga al uso
progresivo de otros herbicidas que fuerza la misma dinámica de la selección
direccional, consecuencia de la resistencia en malezas provocada por la presión
ejercida por el glifosato (16). Otra vez, lo que termina siendo perjudicial
para el productor y el país en general, es beneficioso para Monsanto, quien ha
obtenido los derechos de propiedad de semillas y creaciones fitogenéticos, así
como el derecho de propiedad intelectual por la tecnología y experiencia
incorporados en las variedades, tal como reza el contrato comercial que ahora
deben firmar los productores por el uso de las semillas. Cabe destacar, al solo
fin de descubrir lo perverso del mecanismo de seducción al que fueron sometidos
los productores argentinos, que éstos a diferencia de los norteamericanos,
fueron exentos del pago de regalías a Monsanto, además de que la empresa
mantuvo un nivel de precios muy bajos para el herbicida, durante varios años.
Esto fue así con el fin, que ahora se vuelve obvio, de comprometerlos a un
modelo agropecuario, del que no pueden salir.
En mi opinión, no hay ningún
argumento científico que justifique la modificación genética como método de
“mejorar” cultivos. Simplemente no es económicamente rentable a largo plazo
para la sociedad. Todo lo contrario, las modificaciones genéticas no son
estables y permanentes. Los mecanismos de expresión génica son infinitamente
complejos e inmanejables. Los factores tanto internos como externos a los que
son expuestos los cultivos transgénicos, como clima, salinidad y acidez del
suelo y otros, tienen consecuencias dificilmente predecibles desde el punto de
vista científico. Es posible saber con
qué se empieza, pero nunca se puede saber ciertamente con qué termina. Esto
deberían saberlo los científicos. Esto deberían advertirlo a la población. Y no
lo hacen. Muy por el contrario, desde el INTA se vende la idea de los supuestos
beneficios de la transgenia y no se dice todo sobre su verdadera complejidad e
impredecibilidad. Se simplifica tanto la ”información” a los productores,
técnicos y al público en general, que el tema deja de ser ciencia y pasa a ser
ciencia ficción de mala calidad y mucha irresponsabilidad.
Sólo puedo entender a la transgénesis
en la agricultra, como un mero método de rotular plantas con interés comercial.
Si se pudiera sellar una semilla externamente con un logo y de esta forma
garantizar la propiedad del comerciante, se hubiese hecho. Pero cómo convencer
a políticos y a productores de algo cuyas intenciones serían tan obvias. La
mística cientificista reduccionista ha logrado el objetivo principal de la
transgénesis: garantizar la propiedad privada de unas pocas empresas de los
cultivos de interés comercial, así como el manejo de las políticas agrícolas
globales en desmedro de la soberanía alimentaria de los pueblos.
Referencias:
1) http://www.dowagro.com/ar/about/argentina/biotec.htm
2) http://www.monsanto.com.ar/
3) http://www.foarbi.org.ar/Empresas/Econtenido.htm
4) http://www.bioceres.com.ar/
5) http://www.inta.gov.ar/crbsass/balcarce/propapa/actpap/3/editorial.htm
6) http://www.inta.gov.ar/crbsass/balcarce/propapa/actpap/3/editorial.htm
7) http://www.aapresid.org.ar/secciones/varios/congreso_x/a_svxc_05.asp
8) http://www.portalalimentario.com
/PDF/N%B0%207%20Panel%20biotecnolog%EDa.pdf
Agricultura-siembra directa. X Congreso Nacional de
AAPRESID. El Negocio de la
Biotecnología.
14-ago-02-
E-campo.com.
Agronegocios por internet. Prensa AAPRESID 14-ago-2002.
9) http://rafaela.inta.gov.ar/publicaciones/recetario_soja/valor_nutritivo.htm
11) http://istoe.terra.com.br/planetadinamica/site/entrevista.asp?idMat=111
12) www.ifpri.org
13) www.isaaa.org
15) http://www.bio.ic.ac.uk/research/djwright/cerda.htm
17) http://siiap.sagyp.mecon.ar/http-hsi/english/conabia/liuk5.htm
18) http://siiap.sagyp.mecon.ar/http-hsi/english/conabia/conabi98.html
19) Genetic
Engineering in Agriculture. Pflanzanschutz Nachrichten
Bayer. Bayer
AG. Special
Issue: 33-56, 1996