ACERCA DE LOS PARADIGMAS, LOS SISTEMAS
Y LOS MODELOS
Son
tiempos difíciles realmente los que nos toca vivir, cómo podemos hacer para,
desde nuestros pequeños espacios
vitales, escapar a las confusiones en que se arriesga la plenitud,
cuando intentamos reflexionar actuando con las herramientas conceptuales de
nuestra cultura mestiza, a caballo entre una
racionalidad hegemónica y estos mínimos esbozos de un pensar renovador
que pugna por recomponer el sentido de las palabras en su precisa configuración
histórica.
La
devaluación a que ha sometido el
desgaste académico a los conceptos, nos
compromete a cuidar el uso de las palabras como herramientas de lo decible y
como símbolos de lo innombrable. Sabemos que el horizonte primigenio anuncia el
cambio de paradigma de una civilización planetaria voraz y enceguecida, que no
detiene su carrera ante el inminente desastre que sobrevendrá inevitablemente,
poco más allá de lo pensable.
Cambio
de paradigma es precisamente un vuelco necesario en la reflexión humana que
debe generar nuevos conceptos o bruñir los ya opacados por un uso insustancial,
como forma certera de pensar el hombre y
Siempre
lo paradigmático supone una extrema complejidad
que hace a un conjunto en estado de indeterminación, con tal motivo
No
es posible adelantar la completitud del paradigma, no se puede modelizar a escala racional aquello indeterminado y
siempre en construcción, pero sí se sufren los efectos no buscados de la
aplicación de los mismos, cuando rompen los equilibrios inestables que
caracterizan a todo campo de complejidad en crecimiento, o cuando agotan la
imprescindible retroalimentación energética
de sus componentes.
Creemos
que
Estamos
en presencia de una catástrofe paradigmática, que no debemos confundir con una crisis sistémica, porque no existen
posibilidades de recomponer el rumbo trazado sin alterar completamente las
invariantes que lo alimentan.
Es
posible que asistamos a la aceleración incontrolada de los elementos de la
complejidad que se friccionan y fusionan permanentemente para encontrar un
estado de no reposo devenido en estallido e irreversibilidad con caracteres destructivos del campo mismo
de instalación del paradigma. Ello es así porque la dominancia ha cedido el
inestable equilibrio y allí se ha instalado la incertidumbre con su carga de
irracionalidad y energías disipativas, imposible de pensar en los términos de
la razón paradigmática, pero que interviene en el núcleo mismo del campo
postulado.
La
posibilidad de pensar dentro del
Lo
impredecible se impone más allá de toda lógica racional , condensa sin razón y
a contramano, nuevos núcleos de sentido que alteran los mapas evolutivos en
protuberancias aún informes que sedimentan topografías inexploradas rompiendo
la geometría mensurable en términos de las leyes de aproximación que informan
sobre el rumbo cósmico.
Esto
ya lo sabían los antiguos, ellos conocían sobre la caída y la incertidumbre,
buscaban desde tiempo inmemorial el necesario amparo y la mediación sagrada que permitía
recomponer el orden del caos más allá del pensamiento y del instrumento.
Ellos
nos hablaban de cosmovisiones, de mitos agónicos, de caída y transfiguración,
de muerte y resurrección, para simbolizar no otra cosa que la totalidad
paradigmática que daba fundamento a la instalación y a la existencia, pero
entendida como humildad y pertenencia en un mundo “que así es”,en la cotidianidad del ritual de “vivir sin más” para la
germinación de la semilla cósmica.
La
naturaleza no es el territorio de instalación del paradigma, la naturaleza es
Nosotros
desde América tenemos el privilegio de poder descentrar el pensamiento, no
asimilados totalmente a la lógica del productivismo y marginados
mayoritariamente de los beneficios del consumo artificial, podemos aún pisar un
suelo originario y vivir un refugio simbólico en el horizonte de una cultura
mestiza y en rebeldía.
Nuestra
auténtica condición de mestizos culturales habla ciertamente de nuestra
imposibilidad de ser en plenitud para la razón occidental, siempre carecemos de
aquello que completa la vida moderna , siempre elaboramos esas asimetrías que
afean la perfección creativa, siempre, en suma, detrás de nuestras identidades
construidas está la América morena, la de las desmesuras y los exterminios.
Pero
esa aparente incompletitud de estar en esta tierra es
también un estado de apertura hacia la totalidad, este singular desamparo es el
sendero que lleva hacia
La
fragilidad de la condición humana y la intemperie de la morada cósmica nos
llevan a recomponer los ritos que permitieron nuestra vida sobre la tierra y en
esa condición errante andamos aunque lo neguemos desde los falsos muros de la
ciudad globalizada.
Y
es aquí donde se instalan los sistemas, y trasladamos nuestra desnudez
originaria a las crisis sistémicas, creemos que todo se debe a la crisis
financiera, energética, ambiental, productiva. Entonces lo que debe cambiar son
los sistemas, es decir las construcciones humanas que modifican el suelo y
prefiguran la vida de las sociedades. Los sistemas son imaginarios cerrados,
sus lógicas se disparan hacia la completitud, encierran a los seres en
proyectos y habitualidades que sólo tienen valor como conjunto donde todas las
variables ocupan espacios asignados y se relacionan ontológicamente.
Los
antiguos sistemas agrarios de las grandes civilizaciones respondían a una
lógica de subsistencia y almacenamiento imbricada profundamente con los ciclos de siembra y los cursos de
agua, con los equilibrios del entorno natural
y con los fundamentos sagrados de sus culturas. Eran sistemas basados en
la reciprocidad y el intercambio y alejados de las lógicas productivas. Y su
declinación respondió principalmente a las guerras de conquista.
Los
sistemas sociales contemporáneos, afirmados en el uso tecnológico de la
naturaleza y en el abuso del trabajo humano,
responden a una lógica intrínseca de acumulación y propiedad que acelera las
fricciones internas y la destrucción de los componentes del conjunto. Son
sistemas cerrados donde predomina la inteligencia especulativa y los
apoderamientos individuales.
El
sistema capitalista moderno, y sus múltiples subsistemas desplegados, es un
sistema cerrado donde la razón instrumental se basa en la producción acelerada
y la acumulación infinita, no puede detenerse
ni moderar su
En
esta última etapa de su desarrollo en las últimas décadas de la modernidad, se
ha producido un hecho singular: el sistema por su irrefrenable expansión rompe
los límites de equilibrio y absorbe
Y
aquí llegamos a lo que nos toca de cerca, el modelo.
Los
modelos son para nosotros los programas que asignan las grandes corporaciones
del capital concentrado y la ciencia instrumental, a cada uno de los actores,
pueblos y naciones del mundo globalizado. La asignación de roles dentro del
sistema-mundo obedece a las rígidas y feroces directivas emanadas de los
centros de poder que confieren a cada lugar de la tierra el imperativo de
contribuir para pertenecer, de ofrendar su riqueza natural y su calidad humana
en el altar del dios pensante.
Los
modelos representan el lugar concreto de aplicación de la maquinaria global,
por ello su principal característica es que son modelos productivos. Es decir
la topografía planetaria tan rica en diversidades y matices, es tratada como un
mapa de extracción de lo valioso y necesario para la reproducción sistémica.
Nuestra
América y gran parte de las inmensas regiones periféricas tienen asignado el papel de productores de materias
primas y productos poco elaborados para alimentar el derroche energético de los
países centrales. El viejo modelo colonial no ha cambiado, simplemente se ha
reconfigurado en neocolonialismo por desposesión. Y los Estados nacionales
aplican mansamente las reglas dictadas para maximizar el saqueo enmascarado en
desarrollo y crecimiento.
En
nuestra patria el modelo agroexportador continúa siendo el eje productivo
central con mayor fuerza que nunca, basta ver las inmensas áreas naturales
sometidas al monocultivo y la desertización consecuente de las regiones
ecológicas nacionales. El montaje industrial liviano y las sustracciones
mineras completan y amplían la centralidad agropecuaria del destino argentino.
Nos
hemos quedado sin modelo de país para abrazar un modelo productivo elemental
con sus tremendas consecuencias ecológicas y humanas. La matriz agroindustrial
succiona nuestras riquezas y a nuestras poblaciones provocando inmensos bolsones
de aridez y de pobreza apenas contenidos por un Estado complaciente con las
Corporaciones y mitigador de la violencia social latente.
Una
democracia de baja intensidad, un parlamento desacreditado, una derecha
primitiva y un progresismo enfermo de semanticidad y
carente de
La
situación se agrava si echamos una mirada a la región, la América del Sur, que
en el dispositivo geoestratégico imperial reproduce en cada uno de sus países
el mismo modelo extractivo y apoderador. La debilidad
de las fronteras nacionales provocada por zonas de difusa soberanía ,como lo
son la republiqueta sojera
entre Argentina, Brasil, Paraguay y el oriente boliviano, el paraguas de
soberanía minera en la cordillera entre Argentina y Chile, la explotación
petrolera en la Amazonía entre Perú, Ecuador, Bolivia y Brasil, sumado a los
conflictos bélicos latentes y fogoneados por el complejo militar-industrial de
EEUU, la pérdida de espacios marítimos sometidos a la pesca intensiva, van
delineando la fragilidad de los estados nacionales que sólo atinan a sumarse a
un desarrollo compulsivo para no quedar afuera. Si agregamos a ello la aparición de un neo-indigenismo de
manual prefigurado por grandes ONG. de dudoso
financiamiento, que reclaman legitimidades territoriales ancestrales, pero que
juegan claramente para la desposesión de los espacios nacionales, completan un
modelo de consecuencias impredecibles.
Pero
no hay desaliento, estamos asistiendo a un hermoso y terrible cambio de época,
ya se vislumbran las múltiples y maravillosas resistencias que marcan el punto
de inflexión para un agotado paradigma civilizatorio
globalizado. La catástrofe planetaria marca el límite mayor a la expansión
Millones
de hombres y mujeres vamos recomponiendo lentamente el tejido primigenio,
recuperamos la
Están
apareciendo incontables manifestaciones del cambio de rumbo, corporizadas en
Copenhague en la conferencia de C.C. y en todas las
latitudes se generan organizaciones de rechazo al actual paradigma
En
nuestra región americana son innumerables los grupos de oposición a los
proyectos de desmonte de bosques y selvas, de plantaciones monoforestales
y cultivos transgénicos, así como las
profundas heridas de las nuevas aperturas que imagina el IIRSA y los polos
industriales y mineros proyectados. Las campañas contra los agrotóxicos y las
fumigaciones, contra la contaminación ambiental, contra la despoblación del
campo, contra la ganadería de engorde artificial, y muchas otras resistencias a
cada nuevo intento de reducción de la biodiversidad.
Las
poblaciones marginadas de la vida rural y arrojadas a
las márgenes de las grandes ciudades donde la vida comunitaria es imposible,
comienzan a responder con acciones comunes para asegurar las mínimas
condiciones de subsistencia y recuperar la dignidad y la memoria perdida.
Sentimos que va creciendo un gigantesco organismo aún no consolidado, de
reparación de la armonía con
En
un repaso somero de las nuevas y nacientes propuestas, contamos con el neoruralismo, el decrecimiento, la reconversión de las
ciudades, las huertas comunitarias, las
comunidades de pequeños productores, los bancos de semillas
alimentarias, las asociaciones de ahorro energético, los que se niegan a
concurrir a los mercados, los que salen del sistema bancario, los que descartan
el uso de automóviles, los que no consumen tecnología desechable, los que
producen cultura popular, los que apagan el televisor, los que practican el
parto natural y la muerte digna, en fin, los millones de seres que desde el
desamparo nos muestran la sacralidad de la
existencia.
Estamos
en el cambio de paradigma, lo que muere muchas veces no deja ver lo nuevo que
nace, pero siempre ha sido así, la metamorfosis no puede aún reconocerse, los
signos de los tiempos no son todavía visibles para todos, la continuidad de la
vida sobre le planeta está en juego y los poderosos
Presentimos
que estamos recomponiendo la dimensión simbólica de la cultura humana, estamos
recuperando las cosmogonías olvidadas y los saberes totalizadores, vamos por la
integralidad de la vida y la armonía natural. La ecosencillez
es el nuevo espíritu de los tiempos y el iluminismo racional cede ante la
iluminación de lo impensable.
El
hombre está comprendiendo tardíamente que no
Nos sentimos vivos y latentes en la inabarcabilidad que excede a las lógicas sistémicas. La
vigencia de nuestras demandas va más allá
La
transitoriedad de la historia contada por los epígonos del sistema entra en decadencia, la civilización
occidental no es más que un pequeño desvarío en la gran historia de la
humanidad, mientras el sufrimiento y el exterminio arrojan su fatalidad sobre las poblaciones
indefensas en territorios de apropiación y ganancia. El agua, el aire y las
montañas mágicas son acciones bursátiles de la ruleta financiera que anticipa
un final de descalabro cósmico. Más de la mitad de los habitantes de este
planeta viven mal, sufren hambre y carencias básicas sin expresarlo. Estamos en
el peor de los mundos cuando la civilización nos dijo que la evolución humana
nos encontraría en la abundancia de los
bienes compartidos.
El
sistema capitalista no puede cambiarse porque lo que debe cambiarse es
Si
volvemos a nuestra Argentina, el cambio de modelo productivo es inminente, las
crisis recurrentes de un Estado en construcción que, siempre prometido y
siempre negado, provoca que los gobiernos recientes no alcancen a comprender la
terrible paradoja de saquear el suelo y agotar los bienes comunes para “la
mejor distribución de la riqueza”. Falacia si las hay que hemos heredado de un
marxismo escolarizado en los setenta y que renueva su búsqueda del “sujeto
histórico revolucionario” pasando de un proletariado adormecido y fragmentado a
un campesinismo y neo-indigenismo tomados como
renovales del determinismo socialista. Se sigue poniendo el acento en un neodesarrollo estéril que supuestamente permite acumular
las riquezas que luego serán distribuidas por las redes clientelares. Mientras
se siga poniendo el acento en lo social, y no en lo ecosocial,
Tenemos
que poner el acento en lo que nos duele, hay que comenzar ya a cambiar la
matriz agroindustrial para volver a los cultivos alimentarios que nos hicieron
soberanos, hay que volver a repoblar el campo con los marginados de las
ciudades y para ello se necesita una planificación desde el Estado que rompa la
concentración exportadora incentivando a los productores y campesinos desde
organismos nacionales de producción y exportación de excedentes como los que
orgullosamente supimos tener.
Un
Estado Nacional fuerte y solidario es el único camino para nuestros sufridos
pueblos. Esto significa también la recuperación para la Nación de la propiedad
del suelo y el subsuelo, de los componentes energéticos, de los ferrocarriles,
y de puertos y barcos que lleven en sus bodegas alimentos para una humanidad
hambrienta.
El
pensamiento nacional
Vemos
finalmente como la complejidad del actual estado de cosas implica la profunda
imbricación de los paradigmas, los sistemas y los modelos. No puede pensarse
ningún camino diferente si