El infierno del 2,4-D
De la guerra de Vietnam a la
agricultura de guerra (*)
Sebastião
Pinheiro
29 de marzo de 2004
© Rel-UITA: http://www.rel-uita.org/agricultura/agrotoxicos/2-4d.htm
Una de las historias más
antiguas, fascinantes y desastrosas de la agricultura industrial es la del
2,4-D, un herbicida que Estados Unidos utilizó en la guerra de Vietnam y que
hoy se fabrica en países del tercer mundo. Lanzado desde aviones tiene graves
efectos sobre la salud de los campesinos.
La química industrial aplicada a la agricultura nació a mitad del siglo
XVIII con los fertilizantes agrícolas, y simultáneamente surgió una
interrogante: ¿cómo eran el metabolismo de las plantas y su funcionamiento? Así
emergió la "fisiología vegetal" en la primera mitad del siglo XX en Rothamsted, California, en el Reino Unido y en Japón.
Los primeros estudios sobre las hormonas vegetales se efectuaron en Estados
Unidos sobre semillas de avenas y se aislaron auxinas naturales. En Japón,
entretanto, los científicos estudiaron plántulas de arroz enfermas y aislaron
el ácido giberélico. Después vinieron el etileno, las
cinetinas y citocininas.
En dosis muy diluidas (en concentraciones de 1/10.000.000 ppm., esto es,
una en diez millones de partes) estas hormonas conseguían provocar el
crecimiento de algunas partes de las plantas, favorecían el enraizamiento, una
mayor masa foliar, frutos más grandes, alargamiento de los ramilletes y
cosechas superiores. Cuando la dosis se aumentaba por encima de las 5 ppm. la sustancia destruía y mataba a las plantas, principalmente
a los cultivos de familias diferentes a los cereales de los cuales era
extraída.
Obviamente, su extracción de forma natural era tan cara que hacía inviable
su utilización, pero estos descubrimientos abrieron el camino a la obtención de
productos industriales sintéticos que, aplicados a los cultivos de cereales,
permitieron controlar el crecimiento exponencial que experimentaban algunas
plantas adventicias como consecuencia de la destrucción de la estructura de los
suelos agrícolas con la fertilización química y la mecanización intensificada
(tractores y sus herramientas). La etapa siguiente era entonces sintetizar
sustancias que tuvieran una acción similar a aquellas utilizadas para su
producción industrial.
En el escenario de
A comienzos de
Trabajando sobre la molécula británica de MCPA, y haciéndole honor a su
reputación de pragmatismo, los estadounidenses buscaron bajar los costos y
aumentar la eficiencia del herbicida de uso militar, y descubrieron que
sustituyendo el metil (M) por una molécula de Cloro obtenían el Cloro-Cloro-Phenoxi-Acético, que es 20 por ciento más eficiente que su
predecesor.
Su fórmula permite ver que los átomos de Cloro están colocados sobre las
posiciones 2 y 4, por lo que su nombre completo pasó a ser 2,4
Diclorofenoxiacético, luego reducido al conocido 2,4-D, que se volvió un
secreto militar tan resguardado como el Proyecto Manhattan que desarrolló la
bomba atómica.
Las investigaciones continuaron, y se descubrió algo todavía más
fantástico: cuando se agregaba un tercer átomo de cloro en la posición 5 se
obtenía un producto –el 2,4,5 Triclorofenoxiacético–
que actuaba en árboles de gran porte matándolos en pocos días, habilitando su
combustión en grandes incendios propiciados por objetivos militares.
En mayo de 1945 dos navíos cargueros militares estadounidenses repletos de
2,4-D –con el código LN9– y de 2,4,5-T –con el código
LN12– amarraron en las Islas Marianas, en el
Pacífico, próximas a Japón, para decidir la guerra. Pero el macabro éxito de
las bombas nucleares anticipó el desenlace e impidió el uso de estas armas
biológicas.
Inmediatamente,
En las áreas tropicales también se comenzó a usar la mezcla de 2,4-D y 2,4,5-T para la destrucción de bosques y florestas,
permitiendo el avance de la frontera agrícola sobre esas zonas.
En pocas décadas, la línea de herbicidas surgida con posterioridad al nuevo
ordenamiento internacional acordado en
Algunos profesores de herbicidas en América Latina –de mala formación académica e intelectual– dicen en público que el 2,4-D y el 2,4,5-T son hormonas naturales de las plantas, y que por eso
serían inocuos o seguros desde el punto de vista toxicológico, lo que
constituye un disparate absoluto. Antes bien, uno de los secretos industriales
sobre los herbicidas fenoxiacéticos es que durante su
síntesis forman impurezas químicas de altísimo poder tóxico. Esto fue
descubierto en Filipinas, Malasia, Singapur, Rodesia Oriental (actual Zambia) y
Rodesia Occidental (actual Zimbawe), durante y poco después de
Aunque estas impurezas aún no tuviesen nombre, eran conocidas como
sustancias X. En prevención de desastres industriales, en Europa se procuró
establecer controles sobre ellas, atendiendo severamente a la temperatura y la presión
de los procesos de síntesis.
Desde el punto de vista militar, los controles sobre estas impurezas
también fueron incrementados. Durante la guerra de Vietnam estas armas fueron
empleadas como agentes coloridos para el control de la vegetación (plantaciones
de arroz, selvas, manglares, vegetación de alta montaña, de serranías y bosques
pluviales). En cada una de estas vegetaciones era necesario aplicar una
formulación de los mencionados herbicidas, con el agregado de un nuevo producto
denominado Picloram, cuyo nombre comercial era "Tordon".
Para facilitar la identificación, sus embalajes fueron coloreados:
|
White Agent Agente Blanco, 2,4-D y Picloram
(destrucción de arrozales); Purple Agent Agente Púrpura, Picloram
(destrucción de serranías); Blue Agent Agente Azul, Picloram y 2,4,5-T (destrucción de bosques de
montaña); Green Agent Agente Verde, 2,4,5-T en gas-oil (destrucción de
manglares); Orange Agent Agente Naranja, 2,4-D y 2,4,5-T
(destrucción de bosques pluviales). |
La operación militar de aplicación de estos desfoliantes
recibió el nombre de Ranch Hand.
El producto más utilizado fue el agente naranja, y el más contaminador fue el
agente verde, que contenía hasta 63 ppm. de TCDD
Doxinas.
Desde 1962 hasta el fin de la guerra de Vietnam se emplearon más de 62
millones de galones (240 millones de litros) con la finalidad de destruir la
cobertura vegetal que impedía a los sensores
electrónicos enterrados a lo largo de la carretera Ho Chi Min
trasmitir datos que permitieran ubicar los escondites de los vietcongs.
Tras la derrota de Estados Unidos y el fin de la guerra sobraron 30
millones de litros de estos productos, que fueron vendidos a Brasil, Bolivia,
Colombia y Venezuela para su distribución comercial entre los ganaderos,
quienes, a su vez, los utilizaron en la deforestación. El empleo de estas
sustancias en
Las empresas dejaron de fabricar estos productos luego del desastre
ambiental de julio de 1976 en Seveso, Italia, donde
se produjeron fugas de Triclorofenol y Hexaclorofeno.
En los años 80, el 2,4,5-T fue definitivamente quitado
del mercado por presentar mayor potencial de formación de dioxinas que el
2,4-D. Este último en cambio, sigue siendo utilizado, y de manera creciente,
pues el nuevo orden de
En los países donde se continúan utilizando se observan impactos toxicológicos
en aumento sobre los agricultores y agricultoras. Es particularmente grave la
situación en los arrozales, sobre los cuales el veneno es descargado desde
aviones. Las pequeñas gotitas que caen desde el aire son llevadas por los
vientos hasta a
Los trabajadores de las arroceras padecen, por ejemplo, de diabetes
transitoria, ataques a hígado y riñones, desequilibrio hormonal, fiebres
intermitentes, abortos, hipertensión y, principalmente, cáncer de todo tipo.
Investigaciones sobre el uso de desfoliantes en Tucuruí, en
El máximo tribunal del país norteamericano condenó a las empresas que
producían estos herbicidas para las fuerzas armadas, pues muchos soldados que
habían pasado por Vietnam morían de cáncer, al tiempo que sus hijos y nietos nacen,
aun 40 años después del fin de la guerra, con enfermedades cancerígenas y
malformaciones producidas por la contaminación por este tipo de herbicidas.
Todavía hoy, los índices de cáncer en Vietnam no tienen relación alguna con los
de otras regiones del planeta, y seguirán siendo absurdamente elevados durante
por lo menos 60 años más, el lapso que podrían llegar a durar las dioxinas
estadounidenses en suelo de este país asiático.
Ing. Agr. Sebastião Pinheiro
Universidad Federal del Estado de Río
Grande do Sul